Ignacio Ríos
La guerra criminal sigue su curso en Gaza con
cerca de 45.000 víctimas palestinas, muchas mujeres y niños, a lo que se suman
nuevas incursiones sionistas en Cisjordania.
En este marco, comienzan a apreciarse señales de
descontento contra Hamas por parte de la población de Gaza, que se siente desprotegida
y abandonada por sus direcciones. Interesantes reportajes en el territorio¹
recogen el testimonio de personas que no quieren dar sus nombres por temor a
las represalias. Razones no les faltan: Amin Abed, un activista palestino que
había rechazado públicamente el ataque del 7 de octubre y acusado a Hamas de
que solo le interesaba mantenerse en el poder, fue apresado, torturado y le
rompieron los dedos para que no escribiera más.
Un periodista palestino, por ejemplo, afirma que
aquel ataque al territorio israelí fue “una decisión descabellada para nosotros
como gazatíes” y que “tuvo un efecto contraproducente”. Según el entrevistado,
Hamas “no tuvo en cuenta el impacto que la reacción de Israel tendría sobre los
civiles palestinos. Entró en la guerra sin asegurarse alimentos, agua ni las
necesidades vitales. Un mes después de iniciada la guerra, ya empezábamos a
morir de hambre y a enfermar”.
Un hombre de 62 años del barrio Sheikh Radwan
reclama saber dónde están sus dirigentes y les exige un alto el fuego: “los que
empezaron deberían ponerle fin”. Herido por los bombardeos y separado de su
familia, se interroga: “¿Por qué ocurre esto? ¿Cuál fue el resultado de las
acciones de Hamas del 7 de octubre? ¿Por qué nos dejaron solos? ¿Dónde están las
naciones árabes y musulmanas?”.
Son buenas preguntas. Las y los palestinos tampoco
reciben demasiado apoyo de los países árabes. En Líbano y Siria, deben vivir en
campamentos superpoblados, en condiciones extremas y se les niegan derechos
básicos como techo y trabajo. En Jordania, pueden tener acceso a la ciudadanía,
pero sufren la discriminación a nivel laboral y educativo. La frontera con
Egipto directamente está cerrada.
Muchos palestinos entrevistados reconocen la
necesidad de resistir ante la ocupación sionista, pero, al mismo tiempo, se
preguntan qué perspectiva de futuro planearon los dirigentes de Hamas para
ellos. Muchos se indignan por las actuales negociaciones entre Hamas y Al-Fatah
en vista de la posguerra, como si el presente de sufrimiento no fuera lo más importante.
Tal es así, que las encuestas independientes arrojan un 85% de rechazo a Yahya
Sinwar, el nuevo líder de Hamas, lo que echa por tierra con el supuesto
respaldo total de la población con la que contaría esta formación islámica ultrarreaccionaria.
Es posible y deseable que estas señales de
descontento vayan en aumento y la situación cambie, demostrando una vez más el
coraje y las ansias de vida de la gente de Gaza. Un joven carpintero denuncia que
“todos nos han dejado solos; todos quieren que aparezcamos como héroes que no
se cansan ni pasan hambre”. Algunos vecinos lo acusan por opinar estas cosas,
así que termina diciendo: “Tengo derecho a hablar. ¿O debemos morir en
silencio?”.
¹Hacemos referencia al artículo de Mahmoud
Mushtaha “‘We’ve lost everything, for what?’: Gazan anger at Hamas grows
as war drags on”, publicado en +972
Magazine el 06/08/2024 (se puede ver la versión en castellano en la revista CTXT
311). Todas las citas entrecomilladas corresponden a dicho artículo.