Ignacio Ríos
A un año de su
estallido, la guerra en Gaza –que ya cosechó más de 40.000 víctimas palestinas,
gran cantidad de mujeres y niños entre ellas– no solo no está cerca de su conclusión,
sino que posiblemente se extienda por todo el Medio Oriente, quizás llegando a
un choque directo entre Israel e Irán, con todo lo que ello implica para un
mundo tan golpeado. Los poderes dominantes, en su lógica cada vez más caótica e
irracional, solo pueden ofrecer guerra y destrucción y no parece haber nada que
los detenga en esta decadencia final del sistema de dominio.
El 7 de octubre
de 2023 fue, ante todo, una fecha dramática. Hamas desencadenó ese día un
ataque antisemita contra los civiles judíos de la zona. Las poblaciones de Gaza
y Cisjordania continúan pagando el precio de ese acto barbárico, injustificable
e irresponsable que le dio el pretexto a Netanyahu y a su coalición de
fanáticos religiosos de extrema derecha para desencadenar una terrible
operación de venganza que está diezmando Gaza. Una guerra genocida tan
celebrada en la concentración organizada en Buenos Aires por el sionismo local
este 7 de octubre pasado, expresando un desprecio vil contra la población
palestina y una postración absoluta a la política bélica del Estado de Israel.
En la vereda
opuesta, es lamentable que, desde la concentración de ese mismo día en Plaza de
Mayo organizada por el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino
y la izquierda, no provenga la claridad que hace falta y, peor aún, que muchos lancen
“vivas” al accionar de Hamas. Una organización corrupta, terrorista y
patriarcal, aliada de las peores milicias y Estados contrarrevolucionarios de
la región y que, además de violar, secuestrar y matar a personas inocentes,
condenó a un mayor sufrimiento a la gente de Gaza.
El mejor camino
para enfrentar la tragedia es el del rescate de nuestra común humanidad, el de
la pacificación entre los pueblos y el de la búsqueda de convivencia contra el
belicismo de los Estados y las formaciones terroristas. Esta delicada
posibilidad late en las pocas, pero preciosas experiencias de diálogo e
intercambio entre árabes palestinos y judíos israelíes opositores, en la
oposición a la guerra por parte de tantos israelíes y en el rechazo de los palestinos
al terrorismo de Hamas, que ya está perdiendo apoyo popular en las barriadas de
Gaza. Es lo contrario a la opción de elegir el campo de los monstruos
reaccionarios y contrarrevolucionarios como Hamas, Hezbollah o el Estado iraní,
que son la otra cara del terrorismo del Estado de Israel y sus socios
occidentales con Estados Unidos a la cabeza.