Ignacio Ríos
La represión y
la ola de detenciones llevada a cabo por el gobierno de Nicolás Maduro y sus
esbirros luego de las protestas poselectorales fue brutal. En los medios,
tuvieron más repercusión las detenciones de los militantes o líderes de los
partidos del bloque opositor de derecha o bien el obligado exilio de Edmundo González.
Sin embargo, casi la totalidad de los detenidos pertenecen a los sectores más
humildes, solo culpables de haberse atrevido a manifestar aquel 29 de julio,
luego del anuncio de la supuesta victoria del oficialismo. Además, el gobierno no
duda en echar a los empleados públicos que mostraron algún grado de simpatía
con las movilizaciones, en general, tras revisar sus celulares.
El chavismo
tradicionalmente se mostró como portavoz de los intereses populares y de los
trabajadores. Se hizo fuerte en un país cruzado por tremendas desigualdades y partidos
políticos burgueses que toda la vida despreciaron a las porciones más humildes
de la sociedad. Hasta el día de hoy, ello sigue condicionando la aproximación
de las diferentes izquierdas del continente a este fenómeno caudillista-populista
en violenta decadencia. Hoy se termina de develar ese cinismo. En su fase crecientemente
represiva y autoritaria, el chavismo manifiesta de manera descarnada su
carácter marcadamente antipopular hasta el punto de orquestar redadas en los barrios
populares pateando las puertas de las casas en busca de los jóvenes de las
barriadas. Así es como hay casi 2000 detenidos, decenas de ellos menores de
edad, que pueden recibir entre 10 y 30 años de cárcel.
Pero la gente
de abajo no solo está mortificada, sino que comienza a actuar. Madres y
familiares de los detenidos crearon el “Comité Madres por la Verdad”, así como
defensores de los derechos humanos y organizaciones de izquierda pusieron en
pie la campaña “Basta de represión–Libertad a los presos por protestar”. Estos
colectivos se unen para reclamar justicia ante los tribunales, organizar pequeñas
pero valientes concentraciones y piquetes y desarrollar colectas de alimentos y
de artículos personales. Pero, además, estos colectivos tienen el coraje de
decir la verdad, también a través de las cartas que reciben de sus hijas e hijos
desde la cárcel. Así es como se sabe que muchas de ellas y ellos se ven obligados
bajo tortura a grabar videos autoincriminatorios con el objetivo de lavar la
imagen del gobierno.
El Estado
venezolano a las órdenes de Maduro sigue al pie de la letra, como pasa en Cuba
y Nicaragua, el manual estalinista para la represión. A la orden del día está
la necesidad de luchar por la libertad de los presos políticos y por la defensa
de las libertades más elementales.