Elecciones en EEUU: pase lo que pase

 


Barbara Spampinato

Pase lo que pase, las que quizás sean las más arduas elecciones presidenciales estadounidenses concluirán el 5 de noviembre.

Pase lo que pase, el o la presidente dará comienzo a su mandato mientras está terminando el sistema democrático que lidera.

Pase lo que pase, el American way of life se terminó y ninguno de ambos contendientes tiene el poder como para cambiar significativamente este cuadro.

La “pax americana” culmina en una beligerancia infinita e insensata a la que Washington no sabe renunciar ni logra contener cuando esta es desencadenada por otros Estados, sean estos sus aliados o no.

La proliferación de armas de guerra en manos de civiles y del odio que pasa de la web al mundo real y viceversa, así como la difusión de la comida chatarra y de los medicamentos tóxicos, ponen la vida cotidianamente en riesgo en la que se consideraba la sociedad del bienestar.

Las mujeres siguen luchando por su libertad de elegir y los seres humanos no dejan de emprender viajes en busca de una vida mejor, a pesar de que en el país líder del “mundo libre” el derecho al aborto sea mayoritariamente negado y la libre circulación impedida.

El racismo en crecimiento confirma el derrumbe del melting pot (“crisol de razas”, ndt) cuyas bases eran antropológicamente falsas: las “razas”, tan reivindicadas por la ideología democrática, no existen entre la especie humana.

El despertar del sueño americano del individualismo triunfante en la sociedad de masas se concreta en la pesadilla totalmente contemporánea de la concentración coaccionada y gigantista de individuos en soledad, desconocidos y potencialmente enemigos los unos de los otros. La ingeniería social sistémica falla y recala, queriéndolo o no, en la deshumanizante tentación de hacer prevalecer las máquinas por sobre las mujeres y los hombres: la primacía de la red global y de la “inteligencia” artificial. Pero el tener “bienes” de consumo no aplaca al ser que está en la búsqueda permanente de un bien amplio y duradero; las premisas y las promesas democráticas de la igualdad objetivante no acallan las exigencias y las posibilidades subjetivas de una humanidad común y diferente.

El fin de su mundo no significa el de la opresión ni abre necesariamente la posibilidad de un mundo mejor. Más bien porta peligros agentes y amenazas nuevas. Sin embargo el compromiso por la humanización alternativa a la deshumanización sistémica cuenta con bases significativas en la obra de defensa y mejoramiento de la vida que la gente común más voluntariosa y mejor intencionada desarrolla todos los días, en los Estados Unidos y más allá. El factor humano, mejor y más profundamente entendido, es un punto de partida radical ante el cual el sistema que acomuna tanto a Donald Trump como a Kamala Harris demostró no pasar la prueba. Esto no quiere decir que las elecciones vayan a dejar todo igual: hoy en día, la Casa Blanca siempre puede empeorar la situación así como las mejores personas pueden mostrar señales de rescate. Pase lo que pase, ya retornaremos.


Publicado originalmente en La Comune (Italia) n. 455