Candela & Julia
Muchos son los
jóvenes que están empezando a reaccionar ante el ataque del gobierno de Milei a
la educación. La amenaza y luego concreción del veto a la ley de financiamiento
universitario impulsó que los estudiantes comenzaran a unirse sintiendo que
cada uno y cada una puede hacer la diferencia, que la única manera de ponerle un
freno al ataque de los liberfachos es estando juntos. Así, durante las últimas semanas
los jóvenes protagonizaron la segunda marcha educativa, también asambleas y
tomas en distintas universidades y secundarios a lo largo del país. Muchos de
ellos no vienen de un compromiso político y social, e identifican que hoy es
importante salir de la indiferencia y defender la educación porque lo sienten
como un ataque a sus propias vidas y a las de los demás, motivando incluso reacciones
independientes de los centros de estudiantes adormecidos.
¿Por qué
sentimos la urgencia de reaccionar y movilizarnos? Intentar profundizar en
estas razones puede alimentar el valioso protagonismo de cada uno y que no
quede reducido solo a una marcha, sobre todo luego de la dolorosa, pero
esperable concreción del veto.
Una inicial
respuesta puede ser que el ataque a la educación toca cuestiones muy profundas:
pone en juego la posibilidad de cada joven de crecer y de elegir libremente cómo
hacerlo. Son exigencias íntimas de todas/os, que en la juventud palpitan de
manera particular: queremos crecer humanamente, desarrollarnos como las personas
que nos imaginamos ser junto con quienes queramos. Poder elegir libremente en
qué cultivarnos y que nuestra formación esté ligada a nuestros intereses es
crucial; tiene que ver con imaginar nuestro futuro y cómo queremos que sea. Esta
exigencia no se limita solo a un deseo individual: muchos jóvenes salieron a
defender la educación con un espíritu de solidaridad, pensando en garantizar no
solo la propia, sino también la educación de tantos otros que vendrán,
proyectando un futuro mejor.
¿No son muy
valiosas estas motivaciones y recursos para enfrentar la miseria a la que nos
quieren someter? ¿No es un espíritu muy diferente del “sálvese quien pueda” y
del individualismo tan promovido por este gobierno? Pensar juntas/os en estas
cosas puede alimentar nuestro protagonismo y promover, allí donde estudiamos, un
compromiso solidario e independiente, contrastando la indiferencia y
resignación. Esto significa fomentar la unión entre las organizaciones de
izquierda en cada lugar, para defendernos de los liberfachos y construir
mejores condiciones para todos. Te invitamos a seguir reflexionando en la
próxima asamblea de jóvenes de Espartaco.
Con motivo de
la marcha del 2 de octubre en defensa de la educación pública, compartimos algunos
testimonios de miembros y amigos de Espartaco: Asamblea de Jóvenes de
Izquierda.
Sentí la
necesidad de marchar para encontrar a otros jóvenes, que en causas como esta se
sensibilizan por el otro y no piensan sólo desde su individualidad. Para tratar
de que la angustia e incertidumbre que me genera este contexto se conviertan en
un motivo para buscar a la gente más sensible y solidaria. De ahí parte mi otra
razón para marchar: la solidaridad con el otro, con los docentes y personas que
aportan todos los días a la educación, porque creo que la construimos y
sostenemos juntos. Violeta, estudiante de Medicina (UBA)
A los docentes
y no docentes los demuelen con sueldos muy pobres y quedan desgastados. No
pueden enseñar con pasión y dedicación. Decidimos movilizarnos a pesar de que el
Centro de Estudiantes no saliera. Era fundamental expresarnos contra el ataque
a la educación. Santiago, estudiante de secundaria (CNBA)
Mi lucha contra
la privatización de la educación superior es una lucha por el acceso
equitativo, de oportunidades justas para todos/as y el reconocimiento de la
educación como derecho fundamental. Al movilizarme, estoy defendiendo no solo
mis propios derechos, sino también el futuro de la sociedad en su conjunto. Patricio,
estudiante de Filosofía (UNSAM)
Como docente,
estudiante y futuro investigador de la universidad pública, marché en de fensa
de lo que es hoy mi segunda casa. Porque en un mundo en que abunda la mentira y
el engaño sofisticado, toda persona que así lo desee debería poder desarrollarse
y formar parte de ella. Agustín, estudiante y docente de Ciencias de la
Computación (UBA)