Cecilia Buttazzoni
Desde 1995, un
grupo de mujeres de Guadalupe, localidad conocida en México como La Patrona,
alimenta a los inmigrantes que viajan en los techos y estribos del tren de
carga que pasa frente a sus casas. Es el tren “La Bestia”, esa red ferroviaria que
traslada a cerca de 500 mil personas por año en sus distintos trayectos. Se
trata de una peligrosa travesía –con continuos robos, secuestros extorsivos,
violaciones, accidentes, desapariciones y muertes– a la que están expuestos los
inmigrantes que no poseen documentos para comprar un billete en medios de transporte
más seguros.
El compromiso
del colectivo, apodado “Las Patronas” por el nombre de su localidad, comenzó
por la sensibilidad de una madre y de sus hijas cuando descubrieron que el tren
no llevaba, como creían, a jóvenes aventureros que querían recorrer el país sin
gastar dinero, sino que trasladaba a inmigrantes hambrientos que intentaban
llegar a la frontera con Estados Unidos. A partir de ese día, las hermanas
Romero, junto a otras que se les sumaron, no pararon de cocinar y embalar viandas
(unas 500 por día) para repartir al costado de las vías mientras el tren está
en movimiento. Sus protagonistas cuentan que llevar adelante esta labor
solidaria no fue ni es sencillo. En primer lugar, enfrentaron la desconfianza y
el temor de los vecinos con los “ilegales”, que comenzaban a deambular por el
pueblo rural de menos de 3500 habitantes. Hoy, la aceptación es general, pero
no logran agrietar el machismo de los varones locales, quienes no se involucran
alegando que “no son cosas de hombres, sino de viejas”. A pesar de los
obstáculos, la obra se expande y, gracias a la generosidad de personas de distintos
lugares –con independencia de los gobiernos y de los partidos políticos–, lograron
construir el comedor “La esperanza para el migrante” y un albergue para quienes
necesitan reponerse de los accidentes, de las enfermedades y del cansancio
acumulado.
Norma Romero
explica el bien que representó encontrarse con los inmigrantes: “ellos nos
enseñaron de la fuerza y de la persistencia, nos hicieron conscientes de la
situación de los migrantes, seres humanos que luchan por una vida digna”. Mientras
que para el Estado mexicano los movimientos migratorios son un problema, para
“Las Patronas” esta realidad es la posibilidad de mejorarse, y mejorar a los
demás, ayudando a los que más lo necesitan. “Las personas me preguntan si pienso
cambiar el mundo. Yo les digo, claro que se puede cambiar. Pero no pretendo
cambiar el mundo, pretendo cambiar yo, y cuando uno cambia lo hacen también los
que están a tu alrededor, porque saben que pueden hacerlo. Hoy la vida de las
personas ha cambiado”.