La defensa de la dignidad humana es lo que preocupa a muchas y muchos. Porque está en el corazón de la esperanza de una vida mejor, plena y feliz. El ataque a la dignidad que está llevando adelante este gobierno es brutal y muchas exigencias elementales de las personas están dejando de ser satisfechas.
El acceso público a la educación universitaria está en riesgo porque los liberfachos consideran que solo quien puede pagarse una universidad privada debería tener el derecho a una educación superior.
Los derechos laborales conquistados con décadas de luchas están siendo desmantelados uno por uno porque Milei y su banda aspira a un ejército de trabajadoras y trabajadores disciplinados y maniatados, cada vez más al servicio de las ganancias de los más ricos.
Las jubiladas y jubilados ven sus haberes reducidos a una miseria porque el proyecto liberticida los considera sobrantes de la sociedad, un “gasto” a reducir.
Esta agresión a la vida de todas y todos cuenta con el beneplácito de prácticamente todo al arco político burgués. Los partidos están más preocupados en rearmarse de cara a las elecciones legislativas del año próximo que de detener seria y decididamente el deterioro alarmante de las condiciones de vida de las mayorías.
Indignarse es comprensible, más aun cuando más de la mitad de la población es pobre, pero es mejor y verdaderamente fecundo intentar ser protagonistas.
Si la indiferencia de muchos le abrió el camino a esta deriva reaccionaria, es fundamental apelar a la humanidad más profunda para expresar y cultivar la empatía con los más necesitados. Si el egoísmo y la competitividad aparecieron, falsamente, como el camino al éxito, es prioritario demostrar y ejercer el poder positivo de la solidaridad. Si la resignación se perfila como inevitable podemos descubrir la fuerza de nuestro protagonismo en cada lugar de vida. Las ideas y actitudes de cada una/o, si son expresadas y compartidas, pueden hacer la diferencia: para que el bien común, la libertad y la justicia sean buscadas y defendidas cada día y en cada ámbito.
Las compañeras y compañeros de Comuna Socialista nos asumimos ese compromiso cotidianamente y queremos proponerte hacerlo juntos. Además, estamos convencidos de que fortalecer esta perspectiva requiere la constitución de un Frente Único en defensa de la vida, de la dignidad y las libertades democráticas. Llamamos una vez más a las organizaciones de izquierda a construirlo.

