Ignacio Ríos
Continuamos
proponiendo una reflexión y un debate sobre la necesidad de poner en pie un Frente
Único contra la derecha. Para ello, nos queremos basar en algunos escritos de León
Trotsky, quien tuvo la lucidez, al interior de las filas revolucionarias, de
advertir sobre el peligro nazifascista y de reaccionar a la altura. “¿Adónde va
Francia?” –escrito entre 1934 y 1936 durante su estadía en aquel país– es uno
de sus textos más relevantes. Después de que su propuesta de unión de las
fuerzas de izquierda fuera desoída en Alemania –algo que facilitó el ascenso de
los nazis al poder–, el revolucionario ruso encuentra en Francia una situación
diferente, pero con ciertas asonancias, con ligas fascistas de extrema derecha
realizando grandes demostraciones de fuerza en las calles de París. A
diferencia de Alemania, la propuesta de frente único entre comunistas y
socialistas se había llevado a la práctica, pero Trotsky continúa advirtiendo
sobre los peligros y exhorta a este bloque a pasar a la ofensiva sin guardar confianza
en los decadentes partidos burgueses, aspecto que frustraría la experiencia del
Frente Popular que, con Léon Blum a la cabeza, había ganado las elecciones de
1936.
En “¿Adónde va
Francia?”, Trotsky ofrece una mirada aguda sobre el verdadero carácter del
fascismo y el riesgo mortal que representa para los trabajadores y sus
vanguardias. Advierte sobre la deriva conciencial y hasta psicológica que puede
llevar a una parte importante de los sectores medios y populares a apoyar a la
extrema derecha, también a causa de la desilusión generada por las políticas estalinistas.
Y, además, resalta la importancia del frente único entre socialistas y
comunistas, no solo para defenderse de las bandas de la derecha, sino también
como punto de referencia posible para que la clase obrera emprenda un camino de
rescate con respecto al fascismo y la decadencia capitalista, en busca de
superar el lastre de las direcciones sindicales tradicionales.
“¿Qué nos
deparará el mañana? (…) Quien se consuela con la frase: ‘Francia no es Alemania’,
es un imbécil sin esperanza (…). La burguesía ha conducido a su sociedad a la
bancarrota completa. No es capaz de asegurar al pueblo ni el pan, ni la paz
(…). El gran capital está obligado a crear bandas armadas particulares, especialmente
entrenadas para atacar a los obreros (...). El significado histórico del
fascismo es el de aplastar a la clase obrera, destruir sus organizaciones, ahogar
la libertad política, y esto precisamente, en el momento en que los
capitalistas son incapaces de seguir dominando y dirigiendo mediante el
mecanismo democrático” (1).
“Naturalmente,
el pequeño propietario tiende al orden en tanto sus negocios marchan bien y
mientras tenga esperanzas de que marchen aún mejor. Pero cuando ha perdido esa esperanza,
es fácilmente atacado por la rabia y está dispuesto a abandonarse a las medidas
más extremas. Si no ¿cómo habría podido derrocarse el Estado democrático y
conducir al fascismo al poder en Italia y Alemania? Los pequeñoburgueses desesperados
ante todo ven en el fascismo una fuerza combativa contra el gran capital y
creen que, a diferencia de los partidos obreros que trabajan solamente con la
lengua, el fascismo utilizará los puños para imponer más ‘justicia’” (2).
“Para luchar
hay que conservar y reforzar los instrumentos y medios de lucha: las
organizaciones, la prensa, las reuniones, etc. El fascismo los amenaza directa
e inmediatamente. Aún es muy débil para lanzarse a la lucha directa por el
poder; pero es bastante fuerte como para intentar abatir a las organizaciones obreras,
pedazo a pedazo, para templar sus bandas en esos ataques, para sembrar en las
filas obreras, el desaliento y la falta de confianza en las propias fuerzas (…)
El frente único se revelará como una gran cosa, cuando los destacamentos comunistas
acudan en ayuda de los destacamentos socialistas –y a la inversa–, en el caso
de un ataque de las bandas fascistas...”. (3)
“El frente
único de los partidos socialistas y comunistas encierra grandes posibilidades (…).
En una época de grandes tareas y de grandes peligros que ponen a las masas de
pie, las barreras entre las organizaciones políticas y sindicales del proletariado
desaparecen. Los obreros quieren saber cómo salvarse del desempleo y del fascismo,
cómo conquistar su independencia ante el capital (…). Si la vanguardia
proletaria, encarnada en ese frente único, traza con corrección el camino de la
lucha, todos los límites establecidos por la burocracia sindical serán barridos
por el torrente vivo del proletariado. Hoy la clave de la situación está en ese
frente único de los dos partidos”. (4)
(1) León
Trotsky, ¿Adónde va Francia? Obras escogidas 5, IPS, Buenos Aires, 2013, pág.
44.
(2) Ídem, págs.
52-53.
(3) Ídem, pág.
57.
(4) Ídem, pág.
71.