Cristina Gabelloni
El 3 de noviembre de 1974, César Robles –dirigente
nacional del Partido Socialista de los Trabajadores (PST)– y los militantes
Rubén Boussas y Juan Carlos Nievas fueron asesinados por la Alianza Anticomunista
Argentina (triple A), una de las bandas parapoliciales bajo el gobierno
peronista. El PST, frente a esto, los despidió con un importante acto en su
local central, destacando sus mejores características, en especial las de la
personalidad y el compromiso revolucionario de César. En este homenaje, Nahuel
Moreno (fundador de la corriente trotskista en América Latina) se refirió a él como
“uno de nuestros más grandes dirigentes”, valorando su compromiso internacional
(algo que también subrayó en su saludo el Socialist Workers Party de EEUU). Otros/as
se refirieron a su interés por la teoría y a su audacia y creatividad
constructiva particular. Y, a pesar de que César Robles nunca abandonó un marco
teórico marxista, determinista y economicista en sus 15 años de recorrido
militante, la impronta teórica y humana revolucionaria de su compromiso es
fácilmente rastreable.
Por ejemplo, en el valor que le dio desde el
PRT-La Verdad a la formación teórica y política de dirigentes y cuadros,
especialmente sobre la perspectiva revolucionaria basada en la confianza en las
masas, en su movilización y organización, contra la estrategia
foquista-guerrillerista de Mario Santucho en Argentina (del PRT-El
Combatiente), la misma estrategia que defendía la corriente de Ernest Mandel en
el ámbito del trotskismo internacional, adaptándose así a las organizaciones
guevaristas.
O bien, en la delicada combinación, en la
construcción de regionales del PST (como la de Córdoba desde 1970), entre la
participación en las luchas (como el Viborazo y las del Sitrac Sitram en 1971),
la realización de cursos (sobre las Tesis de Feuerbach o la Revolución
Permanente) y el desarrollo de una vida cultural y social en los ámbitos sindicales
o partidarios que junto a otras y otros construyó. Esto lo llevó a impulsar
bibliotecas abiertas en los locales, con periódicos burgueses y de izquierda, o
salidas grupales para disfrutar de la vida junto a la naturaleza, favoreciendo la
sociabilidad. Su criterio –dicen quienes militaban con él– era “hacer de la
vida una revolución permanente”.
César fue parte de la dirigencia del PST que dio
lo mejor de sí, eligiendo a Nahuel Moreno como su maestro. Conocerlo mejor,
también en sus claroscuros, es una ocasión preciosa de aprender de sus mejores
cualidades.