Las personas comunes más sensibles al deterioro de la condición humana desde que asumió Milei lo perciben claramente: el autoritarismo bajo este gobierno crece de manera descontrolada. Movilizarse es un delito y la represión está a la orden del día. No ahorran palos ni gases, como denunció el Papa Francisco, pero sí ahorran en jubilaciones y educación. Coherentes con eso, no tienen problemas en pegar a niños y ancianos. Expresar la disidencia para cualquier periodista es sinónimo de recibir cataratas de insultos públicos del mismo Milei. Luchar por mejores salarios es hacer terrorismo sindical. El derecho a decidir sobre el propio cuerpo y el de amar libremente también están en discusión y es común escuchar y leer comentarios misóginos u homofóbicos por parte de personajes de LLA o aliados. Incluso hay purgas dentro del propio gobierno porque la obligación es alinearse con el presidente sin chistar.
Estamos ante un fenómeno nuevo. Si bien todas las democracias tienen un gen totalitario, con el actual gobierno este rasgo está creciendo al punto de poner en discusión aspectos constitutivos de la democracia misma y, lo que más nos interesa, los márgenes de libertad relativa que esta ofrece, esos que estuvieron en el corazón de millones luego de la horrenda noche de la dictadura militar. Parte de la novedad es que la sociedad estatal está tan disgregada y degradada que muchísimas personas asienten imperturbables ante este fenómeno y hay una minoría miserable, ruidosa y peligrosa que se hace activa protagonista de la intolerancia y de la prepotencia.
Hace algunos años, habíamos empezado a identificar esta obsolescencia democrática. Hoy ya estamos ante su vencimiento y las dinámicas internacionales tienden a confirmarlo. Este triste final está hoy comandado por un brutal e ignorante liberfacho, pero está claro que, en cualquier terreno de la vida –del trabajo a la educación, de la relación con la naturaleza a la vivienda, pasando por la necesidad de paz y tranquilidad–, los poderosos carecen totalmente de perspectivas benéficas para las grandes mayorías. De alguna manera, la exaltación que hacen de las máquinas y, en particular, de la inteligencia artificial, es una admisión de sus propios fracasos, de sus incapacidades humanas.
Pero su incapacidad no es la nuestra. Las personas comunes, especialmente las más solidarias y atentas a la vida de los otros, no están comprometidas con la opresión y tienen su humanidad más intacta. Lo vemos en las y los miles de jóvenes voluntarios que se movilizaron con sus palas y baldes para ayudar a retirar el barro en Valencia, en las mujeres palestinas y judías que se unen por la paz, en los trabajadores que pelean unidos por condiciones laborales dignas y en los y las estudiantes que rechazan las inequidades y la condena a la ignorancia. Es posible partir de esa humanidad generosa para cambiar para mejor y ser protagonistas de tolerancia, encuentro, solidaridad y pacificación. La intolerancia y la prepotencia necesitan ser rechazadas y frenadas mientras se empieza a construir algo diferente. Cada una y cada uno puede demostrar la fuerza de la propia humanidad poniendo a la obra lo que más nos caracteriza: la empatía, la simpatía, la colaboración y la cooperación.
No hay que esperar soluciones desde arriba porque no llegarán. Es necesario y posible ponerse en juego, desarmando la lógica de extrañeidad y enemistad imperante, a partir de las propias ideas y prácticas. Una de ellas, que es muy importante, es la constitución de un Frente Único de las organizaciones y grupos de la izquierda en defensa de la vida, la dignidad y las libertades democráticas. Este podría constituir desde ahora una referencia de debate plural y de activación para las personas comunes que quieren reaccionar. Nosotras y nosotros, de Comuna Socialista, estamos impulsando esta posibilidad en los lugares en donde estamos mientras construimos ámbitos donde se pueda empezar a vivir una perspectiva de comunión verdaderamente alternativa. Es un compromiso cotidiano teórico y práctico, formativo y constructivo, afirmativo y combativo con el que podés contribuir y al que podés enriquecer. Un primer paso: apoyanos en nuestra Campaña anual de Autofinanciamiento con una donación.