Graciela Primo
El 21 de octubre se realizó al “Encuentro por la
Paz” convocado por el movimiento de Mujeres Activan por la Paz, colectivo
conformado por mujeres judías y árabes israelíes, junto al Centro Ana Frank de Buenos
Aires.
Mujeres Activan por la Paz (Women Wage Peace) trabaja
desde 2014 en Israel, contando actualmente con más de 50.000 mujeres que se
vincularon con las mujeres palestinas de Mujeres del Sol (Women of the Sun) en Cisjordania
y Gaza. Se trata de mujeres, de madres, cansadas de perder a sus hijos en las
guerras y enfrentamientos y que se vincularon en busca de paz.
Graciela, una de las integrantes argentinas de este
colectivo, dijo en el acto que todos pierden en la guerra, que ambos pueblos
pagan un precio terrible y que son las mujeres las que tienden a buscar
soluciones pacíficas. El director del centro, Héctor Shalon, condenó los
discursos de odio que vienen de uno y otro lado, los prejuicios, la
discriminación y el antisemitismo que va en aumento.
Es cierto que estas, y otras intervenciones,
tienen el límite de confiar en las soluciones diplomáticas y en las
negociaciones entre gobiernos y Estados, que justamente son los que hacen las
guerras. Sin embargo, estos colectivos de mujeres –y quienes las apoyan desde Argentina–
constituyen un ejemplo extraordinario en un contexto dominado por el sostén de
amplios sectores a la furia genocida del gobierno de Netanyahu y, de otro lado,
una postura directamente inmoral de buena parte de la izquierda que, en pos de
defender al pueblo palestino, no condena el terrorismo antisemita de Hamas.
Frente a esto, esta actividad fue una infracción muy positiva porque se
inscribe en un camino de pacificación, de encuentro y de convivencia entre los pueblos.