Estados Unidos: entre los dos incapaces, el que festeja es Musk



Barbara Spampinato 

Es claro que una parte de los votos demócratas fue para Trump. Sucedió hasta en Nueva York, el bastión azul (el color del Partido Demócrata). Se puede identificar una de las razones en lo que pasó después del escrutinio: una vez reconocida la derrota, Kamala Harris y su equipo no fueron a hablar con su gente, dejando desolados durante horas a sus propios electores y electoras. ¿Cómo no ver allí la prueba definitiva de su desprecio hacia la gente común? ¿Cómo no considerar que hay allí una confirmación de que las risotadas de Harris durante la campaña podrían haber manifestado la incapacidad del Partido Demócrata de mostrar una mínima empatía hacia las graves preocupaciones del Estados Unidos profundo? De esta manera, comentadoras y comentadores –que, siendo buenos, les cuesta usar la razón sentimental– se sorprenden de la “irracionalidad afectiva” expresada por los que votaron a un Donald Trump que se presentó en los debates aparentando escuchar a la gente que estaba presente. Más que la promesa de “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, parece que dio en el blanco al prometer, a diferencia de los demócratas, no iniciar nuevas guerras y cesar las que están en curso y también al anunciar medidas en defensa del poder adquisitivo en caída en estos últimos años, en vez de repetir los fríos datos de la economía que habría crecido con la presidencia de Biden.

Es menos evidente, pero no menos importante, el hecho de que hubo estados en los que ganó tanto Trump como las medidas de ampliación del derecho al aborto. Los resultados del voto femenino probablemente expresen una distancia entre demócratas y republicanos más reducida respecto a los datos generales; pero, más allá de eso, hay mujeres que votaron por el nuevo presidente electo y también para defender sus libertades. Mujeres, justamente: como aquella que, al salir del cuarto oscuro, declaró haber votado de esa manera para defenderse de las amenazas ofensivas y absurdas del negacionismo woke al que los demócratas se ataron y que, agregamos, siendo antifemenino y racialista es claramente antihumano. 

Vayamos ahora a los woke, es decir, a los progresistas contemporáneos: están atónitos y furiosos también un poco porque Musk, el campeón de la deshumanización transhumanista, no los eligió. Evidentemente Trump –o, si queremos, Musk– fue más sagaz. Quizás el instinto depredador que lo caracteriza le permitió intuir que, en el Estados Unidos que implosiona, el dominio pasa de la democracia en decadencia al poder de las máquinas. Acercándose a Musk, Trump obtuvo decenas de millones de dólares y, no menos importante, mensajes en las redes sociales para su campaña. Qué es lo que obtuvo Musk, además de la astronómica ganancia en la Bolsa a causa de la victoria electoral que inmediatamente le recompensó con creces la inversión hecha, mucho nos tememos que lo veremos en breve. Lo que parece cierto es que, frente a la dificultad de la política en hacer cuentas con el factor humano que parece más relativa en el caso de Trump pero es evidente en el Partido Demócrata, el que lucra es el “señor de las máquinas”.

Publicado originalmente en La Comune (Italia) n.456