Los ángeles y los verdugos de la guerra en Medio Oriente

 




Ignacio Ríos

Las víctimas en Gaza se acumulan y, a tono con su accionar histórico, Israel prohibió las actividades de la UNRWA (la agencia de la ONU para los refugiados de Palestina), para no hablar de los bombazos en el Líbano y la posibilidad de una escalada con Irán.

Los pueblos de la región corren un peligro mortal por verse envueltos en la beligerancia de los gobiernos y de los Estados de la zona, de sus aliados y de las organizaciones terroristas. Una beligerancia que expande socialmente el virus del autoritarismo, la discriminación, la intolerencia y también del antisemitismo, como ya había explicado Rosa Luxemburg con motivo de la Primera Guerra Mundial: las guerras son la antítesis de la solidaridad y de la camaradería entre los pueblos.

Fueron de verdad muy graves los sucesos de Ámsterdam, donde grupos de supuestos propalestinos agredieron a los hinchas del Maccabi Tel Aviv. Los atacantes exigían que les mostrasen los pasaportes para saber a quién pegar y hasta hubo quienes debieron gritar, a voz en cuello, “no soy judío” para liberarse de los golpes. Un escenario de pesadilla que recuerda a las páginas más oscuras de la historia de Europa.

La guerra, terrible y mortífera, plantea dilemas morales. Claramente es el caso de la sociedad israelí, en general lacerada por la complicidad, la indiferencia, el racismo y la lógica permanentemente bélica de las instituciones. Hay excepciones, valientes si bien minoritarias. Un caso son los Rabinos por los Derechos Humanos, una red de rabinos que, en Cisjordania, colabora con las actividades agrícolas de los palestinos bajo ocupación. Hace pocos días, sus activistas sufrieron el ataque de un grupo de colonos sionistas que, armados con piedras y cachiporras, trataban de impedir que ayudasen a los palestinos en la cosecha de aceitunas. Los actos de humanidad –como los de estos rabinos u otros más– son preciosos, requieren de mucho coraje y deben ser conocidos y cultivados, ya que en ellos reside la esperanza y la posibilidad de hacer frente a las lógicas bélicas, al racismo, el nacionalismo y la discriminación.