Ignacio Ríos
En nuestro intento de proponer una reflexión y un
debate amplio sobre la necesidad de poner en pie un Frente Único contra la
derecha, elegimos volver a algunos de los textos principales de León Trotsky. En
la década de 1930, el revolucionario ruso había tenido la lucidez de tratar de
comprender el fenómeno nuevo que representaba el nazi-fascismo y de proponer
tareas a la altura. En esta oportunidad, nos queremos detener en su escrito de
1935 “Una vez más, ¿adónde va Francia?”. En aquel país, donde Trotsky vive un
período de su exilio y presencia de primera mano la situación; los comunistas y
socialistas habían llegado a un acuerdo de frente único ante el avance de las
ligas de extrema derecha. Sin embargo, el programa de dicho frente se basaba
solo en la demanda de reivindicaciones económicas, lo que, según Trotsky, representaba
un obstáculo para que la clase trabajadora francesa adquiriese verdadera conciencia
del peligro fascista. Un peligro que no era comparable al de ningún otro gobierno
burgués.
La situación en la Argentina de hoy casi nada tiene
que ver con la Europa del 30. Sin embargo, esto nos hace pensar en la necesidad
de comprender más profundamente el fenómeno tan peligroso que representa la
extrema derecha de Milei, una comprensión que, creemos, no fue buscada en profundidad
por las organizaciones de izquierda que se reivindican trotskistas. Si así lo
fuera, quizás se podría superar el permanente reclamo a la burocracia sindical
de que convoque al paro general, ya que, para defender realmente los puestos de
trabajo, la dignidad que está en juego y exigir más presupuesto para las mayorías,
habría que interpelar al conjunto de las personas bien dispuestas para defender
la vida y las libertades democráticas amenazadas, para lo cual un frente único
de toda la izquierda puede ser un punto de referencia fundamental.
“Actualmente, al frente único le falta un
programa. Al mismo tiempo, la experiencia del propio PC (Partido Comunista, nde.)
en el terreno de la lucha por las “reivindicaciones inmediatas” tiene un
carácter decididamente lamentable. Todos los discursos, artículos y
resoluciones sobre la necesidad de combatir al capital mediante huelgas hasta
ahora no han logrado nada, o casi nada (…). Pero una ofensiva revolucionaria que
opone una clase contra otra no puede desarrollarse solamente bajo consignas económicas
parciales. Se cae en un círculo vicioso. Aquí está la principal causa del estancamiento
del frente único” (1). “Los obreros están dispuestos a participar en
manifestaciones de lucha e incluso en la huelga general, pero no en pequeñas
huelgas desgastantes, sin perspectiva” (2).
“La IC (Internacional Comunista, nde.) no ha
comprendido que la misión del fascismo no es la de actuar junto a la
socialdemocracia, sino la de aplastar a todas las viejas organizaciones obreras
incluidas las reformistas (…). Los jefes de la IC no han entendido que el
capitalismo en putrefacción ya no puede admitir ni siquiera a la socialdemocracia
más moderada y servil (...). El fascismo es llamado a ocupar su lugar, no
'junto a la socialdemocracia' sino sobre su cadáver. Precisamente de ahí surge
la posibilidad, la necesidad y la urgencia del frente único” (3).
“Con su ofensiva actual, la burguesía da un
carácter nuevo, incomparablemente más agudo, a la relación entre la situación
económica y la situación social del capitalismo en putrefacción. Exactamente
del mismo modo, los obreros también deben dar a su defensa un carácter nuevo
que responda a los métodos del enemigo de clase. Defendiéndose contra los
golpes económicos del capital, hay que saber defender al mismo tiempo las
propias organizaciones contra las bandas mercenarias del capital (…). Particularmente,
hay que dirigirse a los sindicatos diciendo: camaradas, sus locales y sus periódicos
serán saqueados y sus organizaciones reducidas a polvo si ustedes no pasan
inmediatamente a la creación de destacamentos de defensa sindical (…), si no
demuestran en los hechos que no cederán al fascismo ni una sola pulgada de
terreno sin combate” (4).
“Los bolcheviques-leninistas están lejos de querer
exagerar su número. Pero la fuerza de sus consignas proviene de que reflejan la
lógica del desarrollo de la situación prerrevolucionaria actual. En cada etapa,
los acontecimientos confirman nuestro análisis y nuestra crítica (…). Nuestra regla
sigue siendo como siempre: decir la verdad. Este es el mayor servicio que puede
rendirse actualmente a la causa de la revolución” (5).
(1) León Trotsky, ¿Adónde va Francia? Obras escogidas 5, IPS, Buenos Aires, 203, pp. 84-85.
(2) Idem, p. 92.
(3) Idem, p. 93.
(4) Idem, p. 96.
(5) Idem, p. 26.