Siria: al inicio fue la revolución

 



Ignacio Ríos

Y un día el tirano de Siria, Bashar Al Assad, cayó. La coalición rebelde liderada por Hayat Tahrir al-Sham (HTS) avanzó a velocidad de relámpago y, luego de ocupar Aleppo, Homs, Hama, Deraa y numerosas localidades sirias, en algunos casos sin disparar un solo tiro, finalmente llegó a Damasco.

Es muy importante leer los acontecimientos a la luz de todo lo que pasó luego de 2011, cuando –impulsados por el ejemplo de Plaza Tahrir en Egipto y de otros países árabes– las y los sirios dieron vida a una revolución humana por su libertad y dignidad que fue respondida por la más amplia coalición de poderes opresivos y una guerra civil que dejó medio millón de víctimas. Justamente, de la sangrienta contrarrevolución y de la desarticulación violenta de todo un país surge el caos que hoy es Siria.

El HTS tiene su origen en Al Qaeda y en su filial siria, el extinto Frente Al-Nusra. A pesar de que muestran una postura políticamente más digerible, no deja de ser una formación de carácter reaccionario que hace un uso instrumental de las viejas esperanzas revolucionarias. Actúa en conjunto con el Ejército Nacional Sirio, apoyado abiertamente por Erdogan desde Turquía. En el horizonte cercano, se ciernen posibles enfrentamientos entre los nuevos dueños de la situación y las milicias kurdas del este, además de la insurgencia de milicias irregulares del sur. Hasta vuelve a asomar la cabeza el Estado Islámico que, golpeado y todo, continúa siendo un enemigo peligrosísimo. Está visto que continúan los peligros para la población siria.

Pero, más allá del caos y de las múltiples fuerzas en pugna, conviene recordar que la revolución siria, en su primer año de vida, había tomado otros caminos. Originalmente se destacó por la salamiyeh, o lógica de pacificación, interpretada como la búsqueda de relaciones benéficas y respetuosas entre distintos credos y nacionalidades, en un país en el que los sectores dominantes se valieron de esas diferenciaciones para dominar. Esto se combinaba con la elección de los revolucionarios de no asumir los mismos métodos armados del enemigo para su revolución, también porque no se querían parecer a ellos. La autoorganización de los Comités de Coordinación Local, las movilizaciones relámpago, las canciones revolucionarias o las consignas difundidas en pelotitas de ping-pong respondían a la conciencia extendida de que, para mejorar la vida, primero había que preservarla y protegerla. Recién después las exigencias de la autodefensa complejizarían las cosas.

También por esto, la renovada solidaridad con las poblaciones sirias debe ir de la mano de la defensa de la memoria de su revolución, impidiendo que los beligerantes actores de la actualidad, como estas organizaciones yihadistas, se apropien de las intenciones y de las búsquedas de las y los revolucionarios de 2011.