Cristina Gabelloni
El 5 de febrero de 1975, un decreto de la presidenta lsabel Perón autorizó al Ejército a “ejecutar las operaciones militares necesarias para neutralizar y/o aniquilar…” la subversión en Tucumán. Así comenzó, con la excusa de combatir la guerrilla, un despliegue de cinco mil efectivos al mando de Vila y de Bussi, que torturaron y asesinaron –en centros clandestinos de detención– a trabajadores, mujeres y estudiantes, protagonistas allí de luchas importantes en los años 60 y 70. Un repudiable ensayo –en democracia– del carácter genocida de la dictadura militar que se inició en 1976.
Se trata de hechos que conocemos a partir de los testimonios de sobrevivientes, amigos y familiares, muchos como parte de organismos de derechos humanos, en los juicios contra los genocidas; o en entrevistas radiales (como la de Raquel Zurita, hermana de desaparecidos, que denuncia la detención/desaparición de 2500 personas bajo este operativo, un número que supera con creces los 100 militantes de los grupos guerrilleros de esos años en el monte tucumano); o en textos como “Fronterita cuenta su historia” donde sus autores recogen las vivencias de pobladores y trabajadores del ingenio azucarero La Fronterita en Famaillá, donde en una de sus escuelas se instaló el primer centro clandestino de detención.
Partir de las voces de la gente común es una posibilidad más humana y auténtica que nos permite incluso ir más allá. Nos permite rastrear la combatividad y la unión desde abajo para enfrentar a la patronal y la burocracia de los zafreros, frente a los cierres de los ingenios desde el gobierno de Onganía; o el valor de las mujeres que estaban en primera fila en la organización de la solidaridad en los barrios, junto a los estudiantes en las universidades (con todas las limitaciones que implicó que estas vanguardias abrazaran una idea de cambio político- estatal). Este fue el proceso de radicalización (que continuó con huelgas importantes bajo el gobierno de Perón) que los opresores necesitaban aplastar.
Al mismo tiempo, de cara al negacionismo y el planteo de memoria completa, en un contexto donde el gobierno y su banda de liberticidas buscan reivindicar el Operativo Independencia, posicionarse con la verdad de los verdaderos protagonistas, adquiere un significado ético especial.