Los interrogantes se agolpan proyectados al futuro entre la gente voluntariosa. Deseosa de cambios benéficos, preocupada por un presente incierto y por momentos dramático, en algunos casos intuye que las respuestas del pasado ya no alcanzan. Son esas personas que por posicionamiento y sensibilidad podrían llamarse o se reconocen de izquierda.
La esperanza se enciende ante las reacciones masivas solidarias, como la del 1 de febrero en gran parte del país. Pero la pregunta más imperiosa se resiste a emerger con claridad: ¿quiénes queremos ser?
Es necesario pensar la respuesta teniendo en cuenta el contexto, sin absolutizarlo. Proliferación de guerras que no terminan y normalización de la lógica bélica. Obnubilación de las facultades como resultado de la invasión digital –basada a su vez en un servilismo sin precedentes. A nivel local, un gobierno liberticida y cada vez más autoritario que se vale de una democracia dilatada, difusa y estéril que llega a su fin como la conocimos. Política en crisis definitiva (una muestra es el big bang del peronismo) y un Estado ampliado en su prepotencia sin mediaciones que deja a la gente indefensa. Señales de reacción desde abajo esporádicas pero masivas que expresan recursos humanos fecundos y potencialidades para explorar.
Teniendo en cuenta esto, el compromiso de izquierda, tan necesario hoy en día, no puede seguir siendo pensado y practicado cansinamente como una mera respuesta a la opresión o un reflejo contrario a esta. Semejante concepción, en sus diversas variantes y acentuaciones, está llevando a gran parte de la izquierda a ser cada vez más interna a los paradigmas decadentes de los poderosos, al drama de apoyar a una formación teocrática, criminal y reaccionaria como Hamas en la Franja de Gaza, así como a un oportunismo electoralista peligroso en los tiempos actuales, que requieren respuestas de fondo. No hay caminos alternativos posibles asumiendo como propias las lógicas opresivas.
Un compromiso de liberación puede ser el inicio del desenvolvimiento pleno de las raíces humanas más profundas. De encuentro positivo de las subjetividades. De reconocimiento y afirmación de las características femeninas fundamentales para la vida de todos. Del despertar de las conciencias abriendo posibilidades para elecciones libres. De una cultura nueva y alternativa que estimule un conocimiento cálido y orientado a una vida mejor. De posicionamiento claro junto a los oprimidos y de afirmación de valores benéficos, sustrayéndose del terreno bélico, político e inmoral de los opresores. El compromiso de izquierda puede ser el inicio de una transformación para mejor de cada una y cada uno desde ahora, transformándose en un valor en sí. Esto puede empezar por la defensa de las organizaciones y personas de izquierda frente a la avanzada persecutoria y represiva del gobierno.
Una comprensión más profunda de la época que vivimos junto a las expectativas que nos animan nos llevan a buscar unir a la mejor izquierda en un frente único contra el gobierno liberticida en defensa de la vida y las libertades democráticas. Si se abandona la mirada estrecha y la obsesión por acceder a los ámbitos institucionales, la izquierda unida puede representar una referencia clarificadora y un canal indispensable para la solidaridad propositiva y combativa.
La convicción de que la vida puede mejorar desde ahora en función de las mejores características humanas nos anima en un compromiso teórico y práctico de construcción de ámbitos inspirados en la comunión que potencien el protagonismo de las personas. Ámbitos para dar cauce y revitalizar con orgullo el sentirse de izquierda.
Comité de Redacción