A propósito del 24 de marzo: un recurso y dos valores

 



Ana Gilly

Pasaron cuarenta y nueve años del inicio de la última dictadura militar en este país. Sin embargo, cada 24 de marzo se replica por mil una misma imagen: ancianas con pañuelo blanco, hijas/os, nietas/os y mujeres y hombres de todas las edades acompañando. Frente al horror que significó aquel genocidio y a la impunidad que la democracia garantizó para los responsables, no prevaleció el revanchismo especular, sino la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Una exigencia que tuvo y tiene que hacer cuentas con trampas institucionales que representaron la cooptación y, en cierta medida, la traición de parte de los organismos de derechos humanos.

Memoria, verdad y justicia: un recurso y dos valores, enteramente humanos, transmitidos de generación en generación, con un significado generalmente compartido por millones de personas. No obstante, hoy tenemos un gobierno democrático abiertamente negacionista y que, por ahora, cuenta con un importante sostén social. Es momento, entonces, de comprometerse más y mejor que nunca repensando el significado de aquellas tres palabras a la luz de una actualidad cambiante y dramática, caótica y esperanzadora, compleja para reconocer aquello que puede unirnos y para identificar a quiénes y a qué nos enfrentamos.


Nuestra memoria

Recordar lo que vino antes: un difundido compromiso entre jóvenes y trabajadores por el bien común y la justicia, con múltiples interpretaciones. Un protagonismo valioso, aunque contradictorio, porque la solidaridad que los movilizaba quedaba entrampada en la política y sus maniobras. Incluso, en el llamado campo popular, aparecieron hipótesis con métodos reaccionarios como la guerrilla. Destacamos y nos reconocemos en aquella minoría valiente que fue el PST por su genuino intento socialista, aunque hoy nos distancie su concepción estatalista revolucionaria. 

Atesorar en la memoria que, a pesar de las torturas, muchas/os detenidas/os rehabilitaban su humanidad negada a través de grandes y pequeños actos de solidaridad, y que otras/os se salvaron gracias al coraje de personas desconocidas. No olvidar, tampoco, la complicidad o indiferencia que reinaba en gran parte de la sociedad. 

Si se sabe del horror es por la valentía de quienes testimoniaron y se animaron a denunciarlo, a pesar de que políticos y funcionarios promovían la remoción o la reconciliación. Recordar, entonces, a todos los responsables de la dictadura, incluidos empresarios, partidos patronales y burócratas sindicales. 

La memoria sobre aquel período no es solo una constatación del pasado, sino que contempla un esfuerzo de creación y recreación compartido en el presente y de cara al futuro. Se hace fuerte si se transmite de persona a persona, desde abajo y de manera independiente. Se vuelve frágil cuando se delega en las instituciones, se acomoda según la conveniencia del gobierno de turno y por eso, hoy, está en grave peligro. 

Por esto, el compromiso por la memoria es vital: una memoria activa que sirva de impulso para reaccionar, para defenderla y renovarla, para elegir un posicionamiento ético con las mayorías contra los opresores de hoy y de mañana.  


Verdades buscadas

Sabemos del plan sistemático de exterminio de las juntas militares a pesar del pacto de silencio y la negativa de todos los gobiernos democráticos a abrir los archivos. Creemos, entonces, que el verdadero objetivo criminal del golpe fue mucho más ambicioso que imponer un plan económico: buscaban disciplinar a los sectores rebeldes de la sociedad, someter a las mujeres a las reglas patriarcales, sumir a los jóvenes en la obediencia, a los trabajadores en la explotación salvaje, e instruir a las y los niñas/os en los (des) valores fascistoides. Creemos, también, que de este ensayo se beneficiaron todos los que en estos años buscaron dominar a través de la institucionalidad democrática. 

Sabemos, lo han contado miles de testigos, que la resistencia a la dictadura existió. Creemos, entonces, que fue mucho más amplia y difundida, que no solo estaban las organizaciones clandestinas, sino también infinidad de expresiones cotidianas, esporádicas, de personas comunes que arriesgaron su vida para salvar la de otras/os. Sabemos, también, que durante los últimos años esta búsqueda de verdad estuvo fatalmente condicionada porque los principales organismos de derechos humanos renunciaron a su independencia. Un valor indispensable a defender frente todos los gobiernos y que el peronismo supo invalidar. 

Develamos, entonces, una certeza insoslayable: populistas y liberales atentan contra las verdades humanas más elementales. Hoy, frente a un gobierno negacionista, es preciso elegir un compromiso independiente por una verdad posicionada y combativa, que nos permita descubrir los mejores recursos humanos y defenderlos contra las mentiras de las dictaduras y las democracias.  


Justicia como equidad

La pretensión de venganza nos hubiese vuelto tan inhumanos como son aquellos que combatimos, porque se trata de equiparar el mal recibido. En cambio, prevaleció, durante estos años, la búsqueda de Justicia. La tenaz persistencia por enjuiciar a los dictadores y sus cómplices (con resultados ínfimos, pero muy significativos) se contrapuso a la asimilación e integración que hicieron de ellos las instituciones democráticas. Sin embargo, el límite estuvo justamente en depositar toda la esperanza en esa Justicia mayúscula, toda la confianza en el Estado democrático como si pudiese ser garante de la equidad. Al banquillo han llegado los que previamente fueron descubiertos y señalados por personas comprometidas en ello. Pero “desde abajo” no solo se puede denunciar. Si concebimos a la justicia como un valor que busca la equidad en pos de garantizar y defender el bien común, entonces todas/os podemos ser plenos protagonistas, cada día y en todo lugar. Hoy más que nunca, es fundamental que elijamos comprometernos por ser personas más justas, más combativas y equitativas contra los liberfachos que gobiernan. Batirse por la justicia significa defender el bien primero: el derecho a una vida digna y libre para todos. 

En definitiva: memoria, verdad y justicia, por el bien común y la libertad expansiva.