Comité de Redacción
Quienes llevamos en el corazón la dignidad de las personas y nos acomunamos por una vida justa y pacífica nos estamos dando cuenta de que la situación de peligro que vive la humanidad es de una gravedad creciente pocas veces vista. El mundo de los poderosos tal cual lo conocimos se desliza caótica y bélicamente hacia su final empujado por Trump, Putin, Netanyahu y otros personajes decadentes que representan lo peor de la opresión.
La fuerza destructiva de algunos de estos jinetes del apocalipsis (en particular del yanqui y del líder sionista) da mayores ínfulas a Milei que, en el tiempo reciente, oculta cada vez menos sus aspiraciones mafiosas y su libreta fascistoide. Dando rienda suelta a sus sueños húmedos de pequeño tirano avanza alineado con Patricia Bullrich contra las libertades de todas y todos.
Los espacios vitales democráticos se reducen. Eso implica menor libertad de elección para las mujeres, supresión de derechos para los inmigrantes (como la gratuidad en la atención médica) y las personas con discapacidades, imposibilidad de defender los salarios y condiciones laborales, restricciones cada vez mayores para expresar el disenso. Decir lo que se siente y se piensa está transformándose en algo peligroso. Mucho más si se lo quiere manifestar pública y colectivamente en la calle, como quedó demostrado con la represión de la marcha del 12 de marzo. Como nunca antes en democracia el poder ejecutivo se desboca e impone sus designios ante la lenta disolución del rol de la justicia y el parlamento que, más allá de algunas esperables contradicciones, se transforman en adornos deslucidos de una institucionalidad desvencijada.
Esto sin duda empeorará si no ponemos freno a la avanzada liberfacha que nos quiere mudos y maniatados ante las voluntades de los poderosos. Pero, aun así, son muchas las personas que reaccionan. También estimuladas por el coraje de miles de voluntarios y la explosión emotiva de solidaridad que suscitaron las inundaciones en Bahía Blanca. Es inmensa la minoría que no está dispuesta a dejarle el paso abierto a los liberfachos. Pero para ser más consciente, contundente y expansiva, esta reacción necesita un punto de referencia clarificador, unitario y combativo. Por eso estamos comprometidos en impulsar un frente único contra la derecha reaccionaria y liberticida en defensa de la vida, la dignidad y las libertades democráticas. Para que las organizaciones de izquierda e independientes se unan en esta perspectiva vital y elemental, dejando de lado estrecheces de miras y mezquindades políticas. No es t i e m p o para que la izquierda trotskista se disuelva en las instituciones decrépitas o le haga seguidismo al peronismo, sino para que exprese claramente su alteridad respecto del odio antipopular y represivo del gobierno y sea un motivo de encuentro y lucha para defender los derechos y las libertades de todas y todos.
Se puede recorrer un camino realmente alternativo. Podemos empezar reconociendo la humanidad que buscan negarnos: encontrarnos para dar lugar a espacios de afirmación sustractiva de las lógicas mortíferas de los poderosos. Espacios para el conocimiento sincero y cálido, para la afirmación de las capacidades de cuidado y proyección de la vida femeninas, para el encuentro y el intercambio enriquecedor entre personas de diversas procedencias geográficas, para la liberación de las capacidades de todos en función de nuestra común humanidad, para el crecimiento pleno de las conciencias juveniles por fuera de las pantallas alienantes y embrutecedoras, para el ejercicio solidario de la colaboración y la cooperación, para diseñar una perspectiva de comunión centrada en nuevos valores benéficos y radicalmente inconciliables con las peores lógicas opresivas que hoy se difunden por doquier.