M.C.
Al final eran como la casta, pero peor. El desenfrenado presidente no supo esconder la gran corruptela que gestaba con su hermana y promocionó una criptomoneda que se valorizó rápidamente y en pocas horas se retiró del mercado para la ganancia de unos pocos. El dilema ¿estafador o gil? es falso. Claramente, se puede ser las dos cosas, y Milei lo demostró. Para profundizar la ridiculez con la que se encarga de hacer el mal, el pequeño aspirante a tirano dio una nota a Jonatan “Genuflexo” Viale que su siniestro ladero, Santiago Caputo, se encargó de guionar con prepotencia sin cuidarse de las cámaras. El sometimiento voluntario pero, suponemos, bien pago de “Jony” –nauseabundo, realmente– vio la luz masivamente gracias a un “descuido” interno de TN. Parece que hasta los canales más sometidos al poder tienen sus contradicciones.
El episodio tuvo como corolario un Congreso semivacío en la apertura de las sesiones ordinarias. Allí se movía nuevamente Caputo cual mafioso, pero sin séquito, más allá de sus youtubers boys, amenazando a quien osara cuestionar a Milei. Él sabe que en el Congreso las críticas no son particularmente mordaces ni incómodas y allí puede hacerse el malo.
En otra época, estos bien podrían haber sido personajes de Los tres chiflados, pero hoy son quienes mejor representan la imparable decadencia de las clases dominantes. No dirigen porque no pueden ni saben, pero ejercen un terrible poder negativo y son muy peligrosos. Cuidarse de su deplorable violencia e ignorancia, denunciarlos sin cuartel y ofrecer perspectivas de bien solidario y alternativo es parte de un compromiso de rescate indispensable.