Inmigración: los caminos de la vida

 



Cecilia Buttazzoni

La marcha de los inmigrantes continúa a pesar de que en ocasiones pueda retroceder algunos pasos o retomar direcciones imprevistas. De diversas maneras, es lo que está ocurriendo con millones de personas en América Latina luego de las medidas que impuso el gobierno de Trump contra la supuesta “invasión de criminales”. 

La mayoría de las personas que están volviendo sobre sus pasos son aquellas que se encontraban en México esperando los papeles para ingresar a los Estados Unidos, solicitudes que fueron suspendidas por el gobierno norteamericano. Entre los miles de casos está el de la venezolana Karla Castillo, madre soltera de cuatro hijos, que, luego de vivir cinco años en Chile, regresó a su país natal pensando que las cosas podían tomar otro rumbo tras las elecciones presidenciales. Pero como la situación no cambió, Karla, junto a su hermana, tomó un nuevo camino hacia los Estados Unidos. Hoy, vuelven a emprender la peligrosa marcha de regreso, probablemente con Chile como destino final, gracias al dinero que juntó su madre con la venta de rifas solidarias. Por otro lado, las criminales acciones de Trump también afectaron a miles de deportados de los Estados Unidos. Muchos inmigrantes fueron enviados a sus países de origen, pero hay cientos de personas que están siendo trasladadas a “países puente” como Costa Rica y Panamá para su repatriación, porque sus naciones rechazan las deportaciones estadounidenses. En estos casos, la situación es diversamente dramática ya que muchos de los inmigrantes están huyendo de sus países natales –como Turquía, China, Rusia, Irán y Afganistán, entre otros– y la repatriación pone en riesgo sus vidas y su libertad, ante el desprecio de la Casa Blanca y de su títere panameño. Luego de un periplo de detenciones y maltratos –incluido un precario campamento en plena selva panameña– estas personas lograron ser liberadas y llevadas a hospedajes gracias a las denuncias de abogados comprometidos por los derechos humanos, así como por la generosidad de voluntarios de organizaciones católicas. 

Estos ejemplos de verdaderas odiseas nos hablan de la fuerza inagotable de la humanidad común y diferente. Son millones de historias de personas comunes que relatan la capacidad perenne de nuestra especie de trasladarse, motivadas por la búsqueda de una vida mejor, sustrayéndose de situaciones dramáticas en sus lugares de origen, que se replican en el camino y en los puntos de llegada. Las esperanzas de una vida más benéfica movilizan, son anhelos poderosos y constantes y no pueden ser detenidos por los opresores y los Estados, pero también necesitan de solidaridad y acogida para comenzar, trazar y retomar su camino todas las veces que sea necesario.