Mariana Camps
La semana de
carnaval fue una vez más el motivo para un encuentro formativo de Comuna
Socialista. En una isla del río Sarmiento algunas decenas de compañeras y
compañeros compartieron esta particular instancia. Se trató de tres días de intercambio
en grupos guiados por la Dirección de CS. La nutrida convivencia se valió de
reflexiones compartidas, cine, juegos y conocimiento en el precioso entorno natural
del Delta del Paraná. Para finalizar, un cuarto día de descanso y
confraternización al que se sumaron amigos y amigas que llegaron del
continente.
Para las y los
más nuevos, se trató de conocer la historia de nuestra Corriente Humanista
Socialista y organización, sus maestros/as y los acontecimientos humanos y sociales
que la signaron por cómo fueron interpretados. Una historia de personas e
ideas, revoluciones y cambios radicales y continuidades; de luchas, libros y
cultura; de elaboración, formación y construcción. Una historia de protagonismo
que continúa forjándose, transformada y enriquecida con la mirada, el
pensamiento y la obra de quienes hoy eligen aventurarse en el humanismo socialista.
Una historia que continúa como parte especial del recorrido esperanzado y
dramático de millones de seres humanos, mientras se agota la historia de los
opresores tal cual la hemos conocido hasta ahora.
Para los más
avanzados se trató de una ocasión para profundizar en el significado que
adquiere hoy un compromiso de izquierda que, más que nunca, necesita ser
alternativo a los parámetros y lógicas dominantes, probándose en la vida
concreta de cada día. Para eso, es necesario comprender el mundo en el que vivimos,
así como identificar las raíces antropológicas del emerger cotidiano
proponiéndose ser sus intérpretes en primera persona. La intuición de felicidad
que brota de muchas personas en su aproximación a las ideas humanistas
socialistas de liberación puede, si se lo elige, dar lugar a una disposición a aprender
y formarse en un compromiso teórico y práctico, trabajoso y contradictorio,
como lo requiere, de forma inevitable, una vida plenamente vivida por el bien
común contra los opresores.