Memorias de la solidaridad: el incansable coraje de Sara

 


Cristina Gabelloni

Schejne María Sara Laskier de Rus – sobreviviente de Auschwitz y Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora– dedicó sus últimas décadas a contar su vida en innumerables charlas y entrevistas para libros y filmaciones. En ellas, sin negar el hambre, la guerra y el horror que atravesó junto a sus seres queridos bajo los nazis o la dictadura argentina, destaca la felicidad de estar viva y de luchar por la memoria. Y lo dice así: “recordar mi historia, compartirla y disfrutar del interés que me demuestran por conocerla, me rejuvenece el alma, el espíritu y me da vida”. 

Sara nació en Lodz (Polonia) en 1927 en el seno de una familia judía y desde pequeña buscó ser protagonista y no simplemente víctima de los nazis que ya en 1939 la confinan a un gueto junto a sus padres. Para ella, era decisivo defender su vida y la de los demás contra las condiciones que imponía el nazismo. Así lo hizo en el gueto, ayudando a conseguir leche para su hermanito y otros recién nacidos. Continuó en Auschwitz, donde estuvo desde 1944, cuando disfrazó y maquilló a su mamá enferma e híperdelgada para salvarla de la selección a la cámara de gas; también donaba parte de su ración diaria para que su familia pudiera comer e incluso robaba alimentos para sus compañeras. Su valor y su empuje solidario y creativo se alimentaban también de su amor por la música, el teatro o de su amor por Bernardo, a quien conoció en el gueto y con quien soñó escaparse y vivir en Argentina. Un sueño que logró concretar con la llegada de los Aliados y que le permitió viajar a Paraguay. Desde allí, debió cruzar la frontera clandestinamente hacia Argentina por la prohibición de que entraran judíos al país que el gobierno de Perón mantenía en vigencia. 

En Argentina, Sara comienza con mucha esperanza una nueva vida junto a Bernardo –ya su esposo– y, más tarde, sus hijos Daniel y Natalia. Pero en 1977 se le presenta un nuevo y doloroso desafío: la dictadura militar secuestra a su hijo. Decide buscarlo, se une a Madres de Plaza de Mayo y, aun sin encontrarlo, sigue luchando por los derechos humanos hasta su muerte, a los 97 años. 

Sara fue protagonista de un compromiso por la memoria en el que hizo prevalecer su amor por la vida denunciando incluso las complicidades de sectores de la sociedad. Conocerla, pensar en su recorrido (incluidas sus contradicciones) y darla a conocer, es también una posibilidad de mejorarnos.