Ana Gilly
La movilización del pasado 24 de marzo, a propósito del aniversario del golpe militar, expresó un multitudinario rechazo a la represión estatal. A la de ayer –a manos de la infame dictadura– y también a la actual, promovida por el gobierno fascistoide de Milei.
Fue expresión de una memoria colectiva antirrepresiva, propia de las personas más sensibles y reactivas en este país, que está reaflorando con más intensidad.
Hablamos de una memoria de larga data, urdida desde las madres que buscaban a sus hijos; hilvanada por las vanguardias de izquierda que resistieron la dictadura y clamaron por justicia en democracia junto a las hijas, hijos, nietas y nietos de todos. Por lo resistente, pareciera ser una trama memoriosa hecha de seda de araña. En parte, es una metáfora creíble, porque soportó la embestida de las instituciones democráticas que, por todos los medios, intentaron hacer “borrón y cuenta nueva” de los crímenes de la dictadura. Pero un poco lograron horadarla. Y en esto influyó la genuflexión ante el Estado y el peronismo de algunos organismos de derechos humanos. Debemos sacar lecciones: los partidos patronales jamás, nunca, dan puntada sin hilo. Mientras tanto, la izquierda mayoritaria, en lugar de ser un aliciente para radicalizar las mejores expresiones de resistencia, se deshilacha buscando construir sus propios espacios en los palacios del poder.
Con todo, frente al avance autoritario del actual gobierno liberticida, esta memoria colectiva antirrepresiva parece reactivarse. No es la puntada final, no basta con remendar la memoria, la verdad y la justicia para enfrentar el negacionismo oficialista, ni para frenar su prepotencia. Si esa activación está animada conscientemente por la esperanza de una vida mejor, puede ser la punta del ovillo del cual volver a comenzar: por una memoria activa que impulse un posicionamiento ético cotidiano, por una verdad independiente y combativa, por la posibilidad de elegir ser personas mejores, más justas y solidarias, unidas en la defensa de una vida libre y digna para todos.