Mario Larroca
Preferiríamos no tener que mencionar nunca más a la ministra de la barbarie y la impunidad, Patricia Bullrich. Acusar, como ha hecho de cara a la tragedia en Bahía Blanca, a quienes trabajan en el Servicio Meteorológico que está siendo desmantelado por su propio gobierno, es un eslabón más de su interminable cadena de infamias. El recorte en el SMN en 2024 fue inmenso y afectó tanto al área de mantenimiento, de maquinaria e insumos, así como a los imprescindibles radares rastreadores de tormentas. El ajuste y los despidos también han generado renuncias masivas entre trabajadores altamente calificados del sector privado para afrontar emergencias y la consecuente sobrecarga de funciones entre los que permanecen bajo la órbita del Estado. Así y todo, la humanidad y el profesionalismo de quienes sortearon la perversa motosierra evitó que la tragedia fuera aún mayor. Mientras se pronostica que debido al calentamiento global los eventos extremos serán cada vez más frecuentes, el gobierno de los liberticidas, negacionistas e ignorantes, también en materia medioambiental, solo hizo acto de presencia en Bahía Blanca varios días después para sacarse fotos con fines electorales. Así les fue: tanto Bullrich como Milei debieron huir en los hechos ante el repudio de quienes les recordaron que un año atrás, en ocasión de otra catástrofe climática, también habían figurado allí para darles la buena nueva de que para la reconstrucción tendrían que “arreglársela con sus propios recursos”.
La explosión de solidaridad con las personas damnificadas en Bahía Blanca hizo más evidente la profunda crisis de dominio de los opresores, de los liberfachos y no solo. Uno de los rasgos comunes de todos los sistemas e instituciones opresivas es su incurable incapacidad de conocimiento de los contextos naturales y humanos sobre los que ejercen su poder negativo. No les interesa en lo más mínimo (re)conocer las mejores características e intenciones de la gente común, buscando que las mismas se conjuguen para hacer más satisfactoria la convivencia colectiva. Esta incapacidad endémica de los opresores a gobernar en base a un consenso benéfico y liberador los conduce, por el contrario, a despertar las características más negativas de las personas, como el machismo, la insensibilidad, la violencia y el individualismo feroz (azuzados por la deshumanización digital). De ahí que su dominio se haga crecientemente inmoral y brutal, al punto de asumir formas fascistoides.
Bahía Blanca vuelve a poner sobre la mesa una disyuntiva profunda: o resignación ante ese mix perverso de incomprensión, crueldad y destructividad o protagonismo directo, solidario y combativo de las personas y las comunidades que elijan conocer(se) recíprocamente, lo que implica colaboración y compartición de sabidurías acerca de cómo habitar mejor el planeta y afrontar el terricidio en curso.