El deportador Trump y el carcelero Bukele

 


Ana Gilly

Si bien las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y los países latinoamericanos siempre estuvieron marcadas por el sojuzgamiento y el servilismo, el letal pacto carcelario que Bukele suscribió con Trump no tiene precedentes. El salvadoreño se prestó a recluir en su cárcel de máxima seguridad a personas deportadas de EEUU, incriminadas por ser supuestas partícipes de bandas narcotraficantes. Y todo esto por el módico precio de 20 mil dólares per cápita. Ya fueron 238 venezolanos trasladados y acusados, sin prueba alguna, de pertenecer a las pandillas Tren de Aragua y MS-13. Ninguno fue procesado legalmente, ni tampoco enjuiciado. Es más, la mitad de ellos no tiene siquiera antecedentes penales.

Se trata de una violación abierta, descarada, a algunos derechos humanos elementales. E incluso, este pacto vil atropella códigos del derecho internacional avalado por la Convención de Ginebra y por la ONU, otrora referencias obligadas para los Estados de Occidente. Es decir, los líderes del mundo (y sus caricaturas serviles) desechan sus mismos infames reglamentos, infringen sus propias normas, desconocen instituciones que son de su autoría y contradicen tratados firmados por su puño y letra.

Así es como se van desplomando los pilares de su supuesto ideal de civilización, siempre hipócrita e inhumana, que, por la prepotencia belicista y represiva desenfrenada de sus gobernantes, pone en riesgo la vida de las personas más vulnerables.