Las Malvinas y el malvinismo: el patriotismo aglutina y desgarra

 



Mario Larroca

¿Cuántas personas comprometidas con los derechos humanos se han interrogado acerca de que muchos de los “héroes de Malvinas”, empezando por el primero de los 649 argentinos muertos en la guerra, han sido torturadores y represores? ¿Cómo es posible que el malvinismo –esa suerte de fanatismo tribunero basado en una asimilación hiperemotiva del belicismo de los opresores– sea capaz de albergar en su seno a críticos acérrimos y a infames defensores de la dictadura genocida? 

Malvinas plantea complejos desafíos de pensamiento y de posicionamiento moral y ético a las personas comunes que viven en esta parte del mundo. No nos detendremos aquí en aspectos históricos relativos a la usurpación británica de 1833 o a la propia guerra de 1982, cuestiones que de alguna manera hemos tratado en artículos anteriores (*). Malvinas moviliza un concentrado de sentimientos y de aspiraciones humanas que luego se expresan en la sociedad de manera muy contradictoria: la exigencia de justicia y de libertad, y por lo tanto contraria a cualquier agresión colonialista, y la necesidad de definir la propia identidad que es capturada por lógicas de pertenencia nacional- estatal que habilitan las guerras y laceran a la humanidad común y diferente que somos. 

El recorrido de fundación burguesa de la Argentina ha estado signado por la violencia de los señores de las clases poseedoras, ya sea entre sus propias facciones como, en particular, sobre las poblaciones originarias y demás sectores subalternos. A esto se le suma la ausencia de procesos revolucionarios desde abajo, en condiciones de dejar alguna huella propia en la identidad de los sectores populares y de interceptar, en parte, los efectos subjetivos del militarismo caudillista. La mayoría los dirigentes políticos y presidentes entre 1853 y 1983 fueron en algún o en todo momento militares, muchos de ellos protagonistas de golpes de Estado. Y si bien ha sido una dictadura genocida la que ha mandado a jóvenes conscriptos a morir en la guerra, fue en democracia que se buscó deliberadamente atemperar el clima de radicalización antirrepresiva y abrir una fase de “reconciliación”. La frase “héroes de Malvinas” es popularizada por Alfonsín para mitigar la responsabilidad de los militares que, exigiendo impunidad por sus atrocidades, se sublevaron durante la Semana Santa de 1987. Es así que el “Señor democracia” retoma la retórica del heroísmo bélico (siempre encarnado por varones), históricamente funcional a la justificación de la hegemonía estatal y a la sumisión de una ciudadanía obediente. El círculo vicioso se cerraría poco después con la sanción de la Obediencia debida y el Punto final de Alfonsín y el indulto de Menem. 

Entre las pocas voces que lograron sustraerse en tiempo real, queremos destacar la del poeta y periodista Carlos Brocato –quien entre 1974 y 1976 escribiera en el periódico del PST con el seudónimo de Cayetano Bollini– que, en su texto “¿La verdad o la mística nacional?” afirmaba: “Estos rasguidos nacionalistas pretenden acicatear un falso orgullo que no tiene nada que ver con el mejoramiento de la condición humana de los pueblos sino con la sacralización de los Estados y los intereses dominantes que estos protegen… que lleva impreso el sello de la codicia territorial nacionalista burguesa y de la estrategia de dominio y anexión… Nosotros decimos simplemente: paz. Ni una sola gota de sangre argentina por la recuperación bélica de esas islas legítimamente nuestras. Ni una sola moneda más para la guerra, las fuerzas de represión o la expansión castrense sobre la sociedad civil”. Tal vez algún día podamos cambiar la letra y unirnos para cantar el que no salta es un burgués. 


(*) “Malvinas, más allá del mito nacional/ 1” (abril, 2023) y “Malvinas, más allá del mito nacional/2” (mayo, 2023), ambas disponibles en la web de Comuna Socialista.