Mariana Camps
Milei se cree fuerte ante algunos gestos de Trump, pero no es difícil ver que esa supuesta complicidad es muy superficial. El rebrote nacionalista y proteccionista de Estados Unidos deja desnuda, en pleno invierno, la utopía liberal reaccionaria. Y si bien el préstamo del FMI trae un alivio temporal a las cuentas, es evidente que la crisis económica argentina es profunda. Más allá de sus razones estructurales históricas, radica en la imposibilidad congénita de minorías sedientas de acumulación, incultas y cortas de mira, de dar una salida mínimamente digna a las condiciones de vida de las grandes mayorías. Sumado a esto, Las Fuerzas del Cielo no representan siquiera una fuerza política terrenal capaz de unir y gobernar. La mayor fuerza concreta con la que cuenta el gobierno es el protocolo antipiquetes garantizado por la criminal Bullrich y sus fuerzas policiales siempre proclives a la represión, ya que la simpatía de sectores de la población se está apaciguando, cuando no volviéndose explícita desconfianza.
La solidaridad con los jubilados, la marcha del 24 de marzo y el paro del 10 de abril son algunas señales de reacción desde abajo que tienen como contenido fundamental la defensa de la dignidad ante la carestía de la vida y el repudio activo de la avanzada represiva. Ante esto, la izquierda apenas se propone como parte de la resistencia, pero no es una fuerza clarificadora de la conciencia ni busca proyectar escenarios de solidaridad y asociación libre alternativa a los poderes opresivos. Antes que nada, quiere ser un poder al interior de las instituciones basado en su capacidad de movilización electoral. Su internidad a los lugares de la opresión en el plano local en parte se liga al apoyo que da a facciones teocráticas y ultrareaccionarias como Hamas en el plano internacional. Si quieren recuperar algo de su espíritu revolucionario, las izquierdas deben unirse en un frente único contra el gobierno y su deriva fascistoide, porque juntas tienen que ser la primera línea de la defensa de la vida y no del cálculo político mezquino y burgués. De ese modo, se puede hacer valer un compromiso de izquierda de nuevo tipo, realmente combativo, como hoy hace falta.
Nosotras y nosotros de Comuna Socialista estamos impulsando esta perspectiva mientras nos comprometemos por una vida mejor en alteridad a las lógicas y prácticas dominantes. Se trata de promover espacios libres para la resistencia, de buscar la pacificación desde abajo tejiendo una sociabilidad benéfica que a su vez permita la autodefensa en cada lugar, y de construir, en tanto protagonistas de ideas y prácticas nuevas, ámbitos inspirados en la comunión.