Laura C.
Dos aspectos me parecieron importantes de la serie de la que se habla, bastante hipócritamente, en todos los medios de comunicación.
Por un lado, la denuncia de los gravísimos riesgos que implica la intromisión digital en la vida de los jóvenes no deja lugar a dudas. Las inseguridades y frustraciones que puede haber incubado un niño por diversas circunstancias de su vida social, escolar y familiar se profundizan y crecen brutalmente en el caldo de cultivo de resentimiento, aspiraciones de reivindicación vengativa y odio patriarcal que germina en las redes sociales. La insensibilidad es la regla de lo digital, mientras que los lugares y las ocasiones para el rescate, los encuentros con buenos puntos de referencia humanos, el compañerismo que cura y las amistades potencialmente salvíficas tienen cada vez menores márgenes de incidencia frente a las horas y horas de pantallas de todo tipo que alienan la comprensión de la realidad y de sí. Por otro lado, la conclusión adulta de “podríamos haber hecho más” para evitar las consecuencias es una indispensable invitación a la sana reflexión y a la urgente necesidad de responsabilización moral, aun cuando la tragedia parece obnubilarlo todo.
Pero el título de la serie, bien realizada, desorienta mucho. ¿Es la adolescencia el problema? ¿O la primera juventud está siendo sacrificada por un neosistema de control digital que obtura desde el inicio la identificación empática con los otros y el desarrollo facultativo, por lo tanto una búsqueda plena y positiva del yo, del yo-tú, del nosotros? Lamentablemente, aun cuando en la serie están reflejados algunos adolescentes sensibles y horrorizados por los acontecimientos, que tratan de contribuir a la comprensión de lo que pasa, no se los muestra como los protagonistas de una posible solución a partir de sus reflexiones, esperanzas y miedos, sino tan solo como parte de una edad portadora de problemas.
Salvarnos de la intromisión digital y de las consecuencias dramáticas que ya está comportando implica un esfuerzo urgente e indispensable de humanización benéfica de y para todos. Solo así será posible ayudar a las niñas y niños que son sus víctimas más agredidas e indefensas.