Turquía: desafiando al sultán

 



Piero Neri

¿El sultán tomó una medida apresurada? Uno se lo pregunta, visto que el último gesto de Erdogan –el arresto injustificado de Ekrem Imamoglu, alcalde de Estambul y su principal adversario en las próximas elecciones presidenciales– desencadenó la reacción de amplios sectores sociales. De hecho, 15 millones de personas acudieron a votar por Imamoglu, mientras estaba detenido, en las primarias convocadas por su partido, el CHP (Partido Popular Republicano). Pero sobre todo, durante varios días, las principales ciudades del país –a pesar de las prohibiciones y represiones– fueron teatros de importantes manifestaciones y en Estambul la del 29 de marzo fue masiva. 

Es una lucha que nunca antes había sido tan fuerte contra la represión y el autoritarismo creciente del sultán, que reivindica al mismo tiempo libertad y derechos democráticos, yendo más allá de la influencia directa del CHP. “No podemos más con Erdogan y su dictadura”: un manifestante expresa así el sentimiento de la plaza. Está quien desea que Imamoglu pueda ser el próximo presidente y quien tiene otros referentes, pero es unánime la voluntad de expulsar a Erdogan y luchar por la libertad. “No todos tenemos las mismas ideas, incluso hay muchos nacionalistas, pero yo no lo soy”, dice otro manifestante. No por casualidad en las manifestaciones hubo consignas y banderas alabando a Kemal Atatürk. Este, fundador del CHP, fue el “padre” de la Turquía moderna y laica que siguió al imperio otomano, inspirador de ese nacionalismo turco responsable del genocidio armenio y manchado históricamente con crímenes contra la población kurda. Una herencia pesada, de la cual el CHP recientemente buscó en parte desmarcarse por meros fines políticos. 

Las grandes y numerosas manifestaciones contra Erdogan que aún están en curso son sin duda un motivo de esperanza. Pero, entre los muchos problemas y las ambigüedades del frente de la lucha, en el que tiene peso el CHP, el del nacionalismo es seguramente uno de los más serios y profundos. No alcanza con rechazar el gran nacionalismo turco e integrista islámico del sultán. Es necesario también liberarse seriamente del laico-progresista ligado a la figura de Atatürk. Es una condición decisiva para una posible pacificación y convivencia entre los diversos componentes de la población. 

Publicado originalmente en La Comune (Italia) 465