Cristina Gabelloni
Santiago
Caputo, asesor de Milei, amenazó a Antonio Becerra, un fotógrafo de Tiempo
Argentino, en el canal donde se desarrollaba el debate de los candidatos a la
Legislatura porteña. Primero lo intimidó obturando la cámara de Antonio con su
mano y luego fotografiando su credencial. Un gesto repudiable de quien junto al
gobierno agita cotidianamente el ataque al periodismo, diciendo que “la gente no
los odia lo suficiente”. Una campaña contra la libertad de expresión más
elemental, que alimenta además reacciones violentas como la sufrida por el
fotógrafo Grillo o ataques patoteriles como contra el periodista Navarro y que
nos trae a la memoria asesinatos como el del periodista Cabezas.
Pero Caputo
participa además de la Conferencia de Acción Política Conservadora, un evento internacional
de las derechas que dirige Trump. Y es quien –sin tener cargo alguno– maneja la
SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado). Un organismo que fue decisivo bajo
la última dictadura militar para centralizar información sobre quienes luego
fueron detenidos y desaparecidos.
Es importante
entonces valorar la reacción solidaria y de repudio que esta intimidación suscitó
y desarrollarla con la más amplia unidad de acción. Buscando, al mismo tiempo, que
crezca una conciencia mayor sobre el carácter fascistoide de este gesto.