A las puertas del horror final en Gaza

 





Ignacio Ríos

A inicios de mayo, el gabinete de seguridad israelí aprobó un plan de expansión de la ofensiva en la Franja de Gaza que supone un cambio fundamental: a partir de este momento el objetivo no es la liberación de los rehenes mediante incursiones y operaciones planificadas, sino la lisa y llana invasión y ocupación del territorio para someterlo a control militar. Quizás lo que Netanyahu quería desde un principio pero que recién ahora, con Trump en la Casa Blanca, lo puede decir abiertamente. Dicho plan se llevará a cabo por fases, la primera de ellas consistente en un nuevo desplazamiento forzado de la población hacia el sur de la Franja de Gaza. A esto se suma el actual bloqueo de la ayuda alimentaria y de la entrada de electricidad, medicamentos y combustible. 

Ya se puede saber cómo todo esto podría terminar. El modelo parece ser lo hecho en la ciudad fronteriza de Rafah, hoy reducida a escombros, incorporada a la “zona de seguridad” y rodeada por el ejército israelí para que nadie pueda acercarse y mucho menos regresar a sus hogares. La decisión de comenzar por Rafah no es casualidad: allí se ubica la única frontera que la Franja no tiene con el Estado de Israel, además de que se trataba de una zona especialmente habitada por las familias desplazadas durante los años de la Nakba. Podría producirse una nueva y salvaje oleada de limpieza étnica. Por lo pronto, la ONU calcula que el pueblo palestino ya no tiene acceso al 70% del territorio de la Franja de Gaza, en donde ya casi no quedan lugares seguros. 

Las imágenes creadas por Trump con una IA (mismo instrumento que sirve para lanzar bombas sionistas a la Franja) sobre el centro turístico en el que se convertiría aquella tierra tan martirizada pasan de ser absurdas a aterradoras. Es el mismo Trump que somete a la censura y al ataque vil a cualquier expresión de denuncia contra el Estado de Israel en Estados Unidos. 

A fines de marzo se habían producido valientes manifestaciones pacifistas en ciudades de la Franja de Gaza contra Hamas y contra el Estado de Israel. A propósito, todo esto hace aún más criminal e irresponsable la acción de Hamas que dio inicio a la furia bélica sionista. ¿Qué se esperaba y qué planes tenía para el futuro del pueblo palestino? Netanyahu está admitiendo que recuperar los rehenes dejó de ser importante. ¿Qué pasará con las persistentes movilizaciones en Tel Aviv? El gobierno israelí ya realizó un nuevo llamado a filas porque requiere de más siervos armados para llevar adelante el plan. Sin embargo, desde hace semanas crece el número de objetores entre los reservistas. 

Estos focos de esperanza parecen insuficientes ante tamaña inhumanidad de Netanyahu, Trump, los Estados cómplices, es decir, los señores de la guerra y el terror. Pero son absolutamente fundamentales en este escenario de alerta máxima. Quizás este sea el momento de mayor peligro para el pueblo palestino desde el 7 de octubre de 2023, lo cual ya es mucho decir. Es necesario redoblar los esfuerzos y la solidaridad, resaltar la posibilidad de convivencia y pacificación entre los pueblos y hacer sentir las voces por el cese al fuego inmediato, por la retirada de las tropas y por el ingreso irrestricto de la ayuda humanitaria.