Muchas personas sensibles al sufrimiento de las mayorías intuyen, con cierto desconcierto, que el mundo está cambiando. Están cambiando las clases dominantes que se volvieron más bélicas, por eso más violentas, ignorantes y voraces poniendo en riesgo la vida de todos. También están intentando cambiar personas comunes que no quieren permanecer indiferentes a esta situación e intentan afrontarla, como en algunos países de Europa movilizándose contra el ascenso de las bandas neonazis y de extrema derecha, o en Palestina denunciando a Hamas y al Estado de Israel y exigiendo el cese al fuego para que pare la masacre en Gaza.
En este país también las cosas están cambiando. Por primera vez, gobierna una derecha reaccionaria y liberticida frente a la mirada complaciente de los partidos patronales, como la UCR y el peronismo. Y aquí también hay señales de reacción: muchas personas, en virtud de un anhelo de libertad y en nombre de un posicionamiento de izquierda, luchan o buscan resistir los embates de los liberfachos.
Pero las que no cambiaron, y es urgente que comiencen a hacerlo, son las organizaciones de izquierda revolucionaria. Aun siendo las que están en mejores condiciones, no representan (salvo honrosas excepciones) una fuerza que ayude a clarificar la conciencia de la gente de izquierda y, en muchos casos, se adaptan a sus expresiones más frágiles. Si no, ¿por qué ese frenesí por la deshumanizante inteligencia artificial? Frente a las pesadillas robóticas de la hiperburguesía de Silicon Valley, ¿no es nuestra tarea combatir la alienación (la digital y la de cualquier tipo) en pos de rehabilitar los mejores recursos humanos? ¿O por qué capitularon a la pseudoteoría queer, un estandarte del antimaterialismo? Peor aún: en nombre de un justo posicionamiento junto al pueblo palestino contra el Estado de Israel, apoyan a Hamas. ¿Se olvidaron de la indispensable independencia con respecto a las direcciones burguesas (y terroristas, en este caso)? Las izquierdas tampoco ayudan a proyectar y dar aliento a asociaciones libres y solidarias alternativas a los opresores, sino que más bien están preocupadas –el FIT-U, en primer lugar– por ser un espacio de poder dentro de las instituciones democráticas decrépitas.
La dispersión sufrida el pasado 1 de mayo es una alerta y tiene que hacernos pensar y reaccionar a todos/as. Decimos a todos/as –quienes están organizados, quienes son protagonistas de iniciativas de base y todo aquel que quiera reaccionar en este contexto– porque el estado de salud de las vanguardias de izquierda, las más nobles y combativas, es clave para delinear las esperanzas de una vida mejor que anidan en el corazón de las personas más reactivas y sensibles.
¿Cuántas veces, en los lugares en los que luchamos juntos/as, escuchamos pedir que “la izquierda se una”? ¿Y cuánta sordera se recibe a cambio? Son muchas las personas que están dispuestas a hacerle frente a la inhumanidad del gobierno. Pero para que estas expresiones de resistencia crezcan, sean más conscientes, se radicalicen y tengan más posibilidades de ganar las luchas que emprenden –ese es nuestro propósito, no solo “coordinarlas”– necesitan un punto de referencia clarificador, unitario y combativo. Las izquierdas, recuperando algo del espíritu revolucionario que las caracterizó, deben unirse en un frente único contra el gobierno y su deriva fascistoide. En cada lugar: en los trabajos, en los colegios y universidades, en los barrios. Una unidad que pueda nacer de la comprensión compartida de la realidad en la que vivimos, de sus peligros y desafíos. Una unidad para autodefendernos y ser, al mismo tiempo, la primera línea en la protección de la vida y de las libertades democráticas atacadas, abandonando el cálculo político típico de la burguesía. Una unidad hecha, también, de la libre, respetuosa y rigurosa discusión de las diferencias. De este modo, podemos hacer valer un compromiso de izquierda de nuevo tipo, que exprese la alteridad para con los opresores, como hoy hace tanta falta. Porque un frente único puede mejorarnos a todas/os, restar márgenes al crecimiento de las derechas y así contribuir juntos al mejor desarrollo de las iniciativas entre la gente más sensible. Con ella, nosotras/os seguimos buscando construir ámbitos de resistencia y libertad donde sea posible discutir y activarse de manera independiente, animar un espíritu de pacificación desde abajo, mientras nos comprometemos en una lógica de comunión buscando valores diferentes.
Comité de Redacción