Cecilia Buttazzoni
El último 14 de mayo se realizó en Perú un paro nacional, con
movilizaciones en distintas localidades, para exigir el cese de la violencia
que provocan las diversas bandas criminales en connivencia con las fuerzas de (in)seguridad.
El detonante principal de las manifestaciones fue el asesinato de trece mineros
en la localidad de Pataz, a unos 335 kilómetros de la ciudad de Trujillo. El
horroroso hecho fue cometido por uno de los grupos organizados de minería
ilegal de la zona. Armados hasta los dientes, no dudaron en masacrar a los
trabajadores que se encontraban en el corazón de la sierra, a la que estas
bandas acceden construyendo socavones alternos para robar los minerales extraídos,
principalmente el codiciado oro que se encuentra en esta región.
Fueron los familiares de las víctimas, con las mujeres en primera
línea, quienes salieron a las calles en defensa de la vida al grito de “paz y
justicia, no por dinero, basta de violencia”. Así es como denunciaron que las
autoridades policiales no investigaron a los responsables, a pesar de que los
familiares alertaron que recibieron llamados extorsivos nueve días antes del
macabro hallazgo; como tampoco llevaron adelante la búsqueda de sus seres
queridos, que finalmente fueron encontrados sin vida por sus propios
compañeros. Contra esta injusta situación –que eleva la cifra a 39 mineros
asesinados– las protestas fueron creciendo con el apoyo de las comunidades
cercanas hasta conformar una huelga nacional contra la criminalidad. Esta
última también exigió la renuncia de Dina Boluarte, quien es fiel exponente de
la lógica bélica de todos los poderosos como quedó demostrado en la conquista
de su presidencia manchada de sangre.
Una vez más, la solidaridad y la reacción de las personas más sensibles
ponen un freno al avance de las diversas organizaciones pútridas que amenazan
la vida cotidianamente en Latinoamérica. En un contexto general tan complejo,
es importante partir de las mejores expresiones humanas que no se detienen,
pero pueden pasar inadvertidas. En este caso, aquellas personas que se
levantaron para defender la vida exigiendo paz y justicia contra los criminales
de la minería ilegal cómplices de las fuerzas represivas del gobierno
sanguinario de Boluarte.