Inocencio Fernández, o lo que no podían tolerar

 



Cristina Gabelloni

Inocencio “Indio” Fernández fue parte de la juventud obrero-estudiantil que se radicalizó en los años 60 y 70. Pero fue un protagonista especial. Desde muy joven, con diecinueve años, su empuje a mejorar la vida lo llevó a emigrar desde el Chaco a los barrios fabriles en la zona norte del Gran Buenos Aires. Allí, al calor de la solidaridad y el compañerismo, puso en entredicho sus simpatías peronistas y comenzó a luchar contra la patronal de Cormasa –la fábrica donde trabajaba– y la burocracia metalúrgica mafiosa de Lorenzo Miguel. Y en esa experiencia colectiva con activistas de la zona es donde conoce a los compañeros/as del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Nahuel Moreno que, por su combatividad y espíritu revolucionario, lo estimularon a unirse a esta organización. Una elección valiente y radical, porque ser parte del PST significaba ser independiente de la burguesía y los burócratas, y también confrontarse con otras referencias negativas entre las vanguardias como eran el peronismo y el foquismo guerrillero. 

A Inocencio lo mató la Triple A en la madrugada del 7 de mayo de 1974, frente a su casa. Fue el primero de una lista de cien compañeras/ os del PST que fueron secuestrados y asesinados por la banda fascista creada bajo el gobierno peronista y, luego, por la dictadura militar. 

Es posible, como a tantos otros, que haya sido la burocracia la que “marcó” a Inocencio para que atentaran contra su vida. Por eso en su trabajo exigieron justicia parando la fábrica de Cormasa –con el apoyo de obreros de la zona– y echaron a todos los burócratas. Además, en su memoria, se realizaron actos en Pacheco y Plaza de Mayo donde la dirección del PST llamó a detener la escalada fascista con la movilización unitaria. Y en esos días, también, decidieron homenajearlo llamando “Indio Fernández” a la campaña por 20.000 suscriptores al periódico Avanzada Socialista. 

Su asesinato, a los 26 años, truncó una vida joven. Pero su corto recorrido nos permite valorar su coraje y determinación al elegir, en minoría y a contracorriente, un compromiso revolucionario y por eso, especial. Algo intolerable para los represores.