México: pacificación para volver a la sierra

 



Cecilia Buttazzoni

La semana pasada se manifestaron integrantes de diez comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua para denunciar la condición de desplazamiento forzado interno que están sufriendo y exigir “¡pacificación para el retorno y condiciones de vida dignas!”.

Son diversas poblaciones originarias que hace aproximadamente quince años están abandonando los cultivos, bosques y ríos que habitan debido a la violencia de los extractivistas y los narcotraficantes. Por un lado, la tala ilegal perturba la biodiversidad local porque, entre otras consecuencias, reduce la recolección de agua y provoca sequías. Por otro lado, esta amplia región montañosa en el norte mexicano, llamada “triángulo dorado” por su riqueza estratégica, es disputada por distintas bandas narco para ejercer el control de las rutas de distribución de la droga. Enfrentando a estos grupos destructivos se encuentran las comunidades ancestrales que luchan por la pacificación (tal como proclaman en sus consignas) para garantizar la dignidad humana y el vínculo más armónico con la naturaleza. Sin embargo, la ferocidad con la que se mueven los criminales organizados obligó el éxodo de algunos pueblos hacia la ciudad, donde las condiciones continuaron empeorando por la falta de los recursos naturales necesarios para su tradicional subsistencia y por la imposibilidad de obtener trabajos estables al no tener documentos.

Muchos de los varones de la comunidad fueron asesinados. Son las mujeres las que actualmente lideran la gran mayoría de sus hogares. Su decisión de desplazarse y no entrar en la confrontación directa termina siendo la elección más sabia, si bien atravesada por el drama, para preservar su vida y la de la comunidad.

En este contexto, las comunidades se unieron en un Encuentro Estatal de Personas Desplazadas para exigir al Estado mexicano una ley que proteja a los desplazados forzados, investigue y condene a los responsables de la violencia y les permita volver a sus tierras. En la manera de hacer frente y sustraerse de la violencia extrema se puede rastrear el protagonismo femenino existente en estas comunidades desplazadas, si bien con todas las contradicciones del caso por inscribirse dentro de una cultura patriarcal. Esto sin dejar de luchar para regresar a sus poblados con los recursos que tienen a disposición, al tiempo que exigen pacificación para defender la vida.