Julia Haberfeld
Mirar la condición de los jóvenes hoy va de la mano con reconocer que el bullying es una realidad sufrida por muchas/os. Con el avance de la digitalización en nuestras vidas el problema se agrava: se extiende ya fuera de los momentos comunes abriendo la puerta a más hostigamiento potenciado detrás del anonimato, en un terreno en el que el patriarcado y el racismo son la norma. Las instituciones presentan nuevos protocolos, pero esto no resuelve el problema de fondo y los casos de bullying del último año solo ascendieron. Iniciar una reflexión al respecto puede animarnos a hacer la diferencia en los ámbitos de los que somos parte.
Activar una mirada atenta a nuestro entorno es un primer paso fundamental. ¿Cómo es la dinámica entre las personas en nuestros ámbitos de estudio y grupos de amigas/os? ¿Cuán atentos estamos a cómo están quienes nos rodean? Definitivamente, junto con la adicción a los smartphones vino aparejada una pérdida de empatía que se puede empezar a rehabilitar levantando la vista del teléfono y buscando comprender qué pasa a nuestro alrededor.
Afirmar un posicionamiento claro contra el bullying es un paso ulterior: ante el crecimiento de la prepotencia y el acoso en los ámbitos juveniles, ¿de qué lado queremos estar? Ser personas posicionadas contra la violencia puede ser un factor de seguridad para quienes nos rodean y un freno para los prepotentes. Hacer crecer esta conciencia puede darnos la fuerza y la convicción para reaccionar y no ser indiferentes, pero debemos aprender a hacerlo de la mejor manera. Pensemos la diferencia que puede hacer una mirada, cuánto un gesto de cercanía puede hacerle sentir a la otra persona que estamos con ella. Incluso podemos imaginarnos capaces de ponerle freno a una situación de violencia buscando suscitar la reacción en los demás. De esto las mujeres nos pueden enseñar mucho, ya que son quienes buscan cuidar la vida cotidianamente y ante situaciones de violencia intentan apaciguarlas, evitando que escalen.
Todos estos son pasos importantes para hacerle frente al bullying, pero para dar una batalla a fondo es también necesario construir y ofrecer ámbitos humanos que sean realmente diferentes. Elegir ser protagonistas de grupos donde las mujeres se sientan realmente libres, donde el racismo no tenga lugar y se valore la riqueza de la diversidad de culturas e intereses. Donde tengan lugar todos los jóvenes que estén en la búsqueda de mejorarse junto con otros y las diferencias puedan ser un motivo de conocimiento. Esta puede ser una propuesta creíble para cualquier persona que lo quiera elegir.