Mariana Camps
En un mundo donde es más necesario que nunca ofrecer hospitalidad, los
poderosos cierran cada vez más las fronteras. Ostentan su crueldad, insensibles
al sufrimiento de quien escapa del hambre, las guerras y la violencia. Se jactan
de su ignorancia, incapaces de reconocer que la historia está hecha de tantas
historias cruzadas de la humanidad en camino, y de identificar la riqueza
potencialmente amplificadora de la contaminación recíproca.
Milei, a escala local, es uno de estos poderosos de la actualidad. Un
triste personaje, otrora gritón de talk show, que ante todo tiene miedo de la
tenacidad y del coraje de los millones de inmigrantes que en el mundo desafían,
poniendo en juego su vida, las fronteras, apelando no a la validez de un
pasaporte, sino a la verdad más incontestable: ¡ante todo está la vida!
En el marco de la nueva reforma migratoria decretada por el gobierno, que
endurece en general los requisitos para obtener la ciudadanía argentina, se
destaca negativamente que en los centros de salud de gestión estatal solo se
atenderá a los inmigrantes que paguen por la atención con antelación o que
tengan un seguro médico. Y si bien se aclara que no se restringirá el acceso a
la atención en casos de riesgo de vida (aunque en el Ministerio de Salud reconocen
que ¡aún no llegaron a un acuerdo sobre la definición de “emergencia”!), sí
serán válidas las restricciones mencionadas en caso de tratamiento posterior.
En el caso del Hospital Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires,
especializado en infectología, los médicos están poniendo en evidencia lo
inhumano y absurdo de suspender tratamientos de tuberculosis en pacientes de la
comunidad boliviana que viven en la zona. El tratamiento de dicha enfermedad
contagiosa requiere el monitoreo de toda la red de contactos de la persona
afectada. Impedir esto o limitarlo implica poner en riesgo de posibles brotes
de tuberculosis a toda la población. Las enfermedades no saben de
nacionalidades ni documentos. Una vez más, crueldad e ignorancia se combinan,
agravando las condiciones de vida de la gente, en esta generación de “líderes”
idiotas de la que Milei y su banda son excelentes exponentes.
Se hace hoy fundamental apelar a la humanidad y a la responsabilidad de
las y los médicos, que han hecho un juramento hipocrático, y a la solidaridad antirracista
más amplia para frenar esta reforma criminal.