Manifestación en Tel Aviv, 9 de agosto
Fabio Beltrame
La devastadora guerra genocida en curso en Gaza, posterior al horrendo pogromo de los terroristas de Hamas del 7 de octubre de 2023, está revelando con inquietante claridad la concretización de un “Gran Israel” radicado en la ideología imperialista y bélica sionista. La franja de Gaza, asfixiada por el bloqueo total de los recursos impuesto por Israel desde 2005, es hoy teatro de una catástrofe humana y material, agravada por la escalada de reivindicaciones de los extremistas religiosos y de derecha israelíes, por el establecimiento de nuevos asentamientos hasta llegar incluso a la delirante construcción de una “Riviera” sobre los escombros humeantes.
La concepción imperialista sionista es a menudo motivada por interpretaciones bíblicas, cada vez más explícitas en las declaraciones de los políticos israelíes, que evidencian la coexistencia entre la etnosupremacía judía y los principios de la democracia. Personajes como Smotrich, regularmente electo, no solo afirman el supremacismo de la democracia israelí, sino que sostienen también que un “Gran Israel” que vaya desde el Nilo al Éufrates, con Jerusalén extendida hasta Damasco, conferiría mayor seguridad al Medio Oriente. Netanyahu confirmó varias veces la “tarea histórica” de Israel de contrastar el terrorismo y la “barbarie árabe e islámica”, concepto retomado por el ministro de Defensa Katz, para quien abandonar Gaza y Cisjordania equivaldría a una “vergüenza y a una rendición al terrorismo”.
Esta ideología se concretiza en modo inequívoco en Cisjordania, donde más del 70% está bajo el control del ejército israelí y de los colonos. También la conflictividad en Siria se integra plenamente en esta visión, con las fuerzas armadas de Tel Aviv que por primera vez avanzaron a 23 kilómetros de Damasco. La desestabilización de Siria de hecho apunta a la creación de una zona de amortiguación próxima al Golán ocupado. Si bien Israel insiste sobre el carácter temporal de esta elección, la historia reciente demuestra que ocupaciones “temporáneas” se traducen en anexiones definitivas, como las del Golán y Cisjordania.
El expansionismo sionista, alimentado por el fanatismo religioso y de derecha, no constituye una mera herencia colonial, sino una realidad en acto: un abismo de sufrimiento inconmensurable para los palestinos de Gaza. El hambre se está cobrando víctimas, con más de 70 mil casos de desnutrición severa diagnosticados entre los niños de la Franja. Cada día, una generación entera de la infancia es diezmada y la supervivencia misma lamentablemente corre el riesgo de transformarse cada vez más en un lejano espejismo.
Es imperativo que las movilizaciones en Israel se intensifiquen, no solo por la liberación de los rehenes, sino para poner fin a la guerra. Antes de que cada vida humana se vea arrollada por la distopía ideológica y bélica del “Gran Israel”.
Publicado originalmente en La Comune 472