Fin del ciclo del MAS en Bolivia: implosión de la "plurinacionalidad"

 




Ignacio Ríos

Las elecciones presidenciales de Bolivia arrojaron que Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga deberán medirse en un balotaje el 19 de octubre, lo que manifiesta un giro a la derecha de la política boliviana. Pero sobre todo salta a la vista el derrumbe y la casi total desaparición del MAS, que prácticamente quedó sin representación parlamentaria. Andrónico Rodríguez, el ex-socio de Evo y representante de la izquierda, cosechó un 8% de los votos y el candidato oficialista alineado con Luis Arce, solo un penoso 3%. 

No por esperable la noticia es menos impactante: con la sola excepción del interregno de Jeanine Áñez, el MAS gobernaba desde 2006 tras cuatro triunfos electorales, con mayorías legislativas que le permitieron un cambio de Constitución y, hasta ahora, con el título de único sobreviviente del ciclo de los populismos de centroizquierda latinoamericanos de principios de siglo. 

La verdad es que ningún candidato despertó verdadero entusiasmo ni había interés por estas elecciones, más allá de que mucha gente fue a votar (el 85% del padrón). Según encuestas de opinión, el clima es dominado por la incertidumbre por la crisis económica, la preocupación ante la mala gestión del gobierno y la desconfianza en las instituciones, percibidas como instrumentos de las internas entre las distintas facciones de poder. Quizás por esta razón, Paz Pereira dio la sorpresa: junto a su compañero de fórmula (un capitán de la policía retirado) se presentó como el más alejado de la corrupta política tradicional y también supo empalmar con los amplios sectores evangelistas. “Tuto” Quiroga es representante de una derecha liberal más clásica, con asiento en Santa Cruz y aroma a Miami, mientras que el tercero, el empresario oportunista Doria Medina, ya confirmó que prestará su apoyo a Paz Pereira, que así parece correr con ventaja. 

¿Qué pasó? Muchas cosas. Hace cinco años la sociedad boliviana quedó de rehén en una guerra fratricida entre Evo Morales y Luis Arce que acarreó serias consecuencias. Las personas de izquierda hace tiempo que se dieron cuenta de que el MAS apoya las luchas y movilizaciones solamente cuando le conviene. La desilusión también fue humana, vistas las graves denuncias que recibió Evo por abusar de mujeres adolescentes. 

Parece estar llegando a su fin el proyecto estatal “plurinacional” de Bolivia. El Estado de ninguna manera puede ser un punto de arribo para el diálogo, la realización y la convivencia benéfica de los pueblos originarios, de los sectores populares, de las diferentes etnias, pueblos y culturas que constelan la humanidad común y diferente que somos. Más bien potencia el odio, la enemistad y la incomprensión –que es lo que sucedió concretamente en Bolivia–, porque todos los Estados nacen y viven de la guerra. En particular, el Estado boliviano unificó el país y la sociedad, apiñando a poblaciones originarias con la arrastrada burguesía local, a través de una sucesión de guerras con los países vecinos y una enorme explotación y racismo a su interior que hunde sus raíces en el pasado colonial. 

Desde este punto de vista, es interesante volver a los señalamientos de algunas corrientes de pensamiento (el filósofo Luis Tapia y Silvia Rivera Cusicanqui son buenos ejemplos) que se animaron a criticar la “plurinacionalidad”. Sostienen que este proyecto fue un intento de refundar el Estado colonial sobre otras bases porque también termina ignorando, cooptando e instrumentalizando las pautas colaborativas y cooperativas de las comunidades indígenas en su autonomía. Aun con todos sus límites, podemos agregar que estas últimas cuentan con dimensiones más a la medida humana y con un funcionamiento regulatorio tendencialmente más armonioso con los ritmos de la vida cotidiana. Nada que ver con las gigantes y alocadas sociedades estatales en disgregación a las que estamos tan acostumbrados en Buenos Aires, México D.F., San Pablo o La Paz. La integración y la convivencia institucional de la que tanto hablaba Álvaro García Linera (hoy también peleado a muerte con Evo Morales) ni siquiera pudo ser demostrada por el mismo MAS a su interior. Allí está Evo, por ejemplo, atrincherado en el Chapare para no ir preso y acusando de traidores a sus viejos compañeros, llamando al voto nulo y fundando su propio partido político. 

Más allá de esta parábola y de un más que necesario balance de la experiencia perniciosa del MAS en el poder, es importante el llamado de la Central Obrera Boliviana (COB) a la unidad de la izquierda y a un estado de emergencia de las y los trabajadores y de las organizaciones sociales contra el avance de la derecha. Frente al peligro de un recrudecimiento de la explotación laboral y del saqueo de los recursos naturales, en especial del litio, llama a levantar la guardia contra los voraces empresarios de adentro y de afuera y contra los políticos de derecha disfrazados de populistas, en un país que supo de revoluciones (como la de 1952) y de grandes procesos de lucha y resistencia.