La semilla del mal


Stephen Kapos, Londres, 27/01/25. "Este sobreviviente del Holocausto dice: ¡detengan el genocidio en Gaza!"


Facundo Esteban 

El mundo de los opresores se derrumba y un nuevo genocidio marca el cambio de época. Aquella vez, las masacres bélicas cometidas durante la Segunda Guerra Mundial iniciaban el ciclo de un nuevo dominio. Se enterraban bajo la alfombra, sin mayor discusión por parte de los poderosos, los campos de concentración, las cámaras de gas, las limpiezas étnicas, las ciudades arrasadas, las bombas atómicas y un largo etcétera de atrocidades. Las aberraciones cometidas por el nazismo (exponente máximo, pero no único, de la barbarie), lejos de ser denunciadas en tiempo real por los Aliados, fueron ocultadas y en algunos casos hasta favorecidas con complicidades y simpatías, mientras se negaba la posibilidad de escapar a miles de refugiados. 

La creación del Estado de Israel, solución para el “problema judío”, supuso que los fundamentos para el genocidio pervivieran entre víctimas y victimarios. Por un lado, la xenofobia y el racismo, que campaban a sus anchas no solo en Europa, sino también en EEUU y la URSS, lejos de ser cuestionados fueron en muchos casos potenciados, en otros ocultados, colocando la culpa (muy distinta de la responsabilidad) del lado alemán. Por otro lado, las bases racionalistas y pseudocientíficas del nazismo hundían sus raíces en una concepción profundamente burguesa: guerra, nacionalismo y economía, fertilizados desde siempre por el gran capital. La presunta civilización occidental iniciaba una nueva fase con la implantación del Estado de un “pueblo elegido” en “una tierra sin pueblo”, con el objetivo declarado de llevar progreso y democracia contra la “barbarie”. 

Las motivaciones más nobles de quienes lucharon contra el nazismo y otros totalitarismos podrían haber sido el germen de ideas alternativas. En la posguerra, las legítimas esperanzas con respecto al cese de los exterminios, suscitadas por la necesidad de superar las masacres repetidas durante la contienda y de interpretar la lucha por la vida y la dignidad que había florecido aun bajo las condiciones más terribles, podrían haber dado lugar a hipótesis diferentes de convivencia y respeto entre los pueblos. La identificación con los protagonistas del levantamiento del Gueto de Varsovia o con quienes sobrevivieron escapando de la persecución nazi, muchos de ellos actuales denunciantes del accionar del Estado de Israel en Gaza, podrían haber suscitado una interpretación diversa de la paz. Por el contrario, el proyecto sionista encontró en EEUU y sus aliados un apoyo incondicional, tanto en el rubro militar como en el político y económico, justificando la larga historia de discriminación, atropellos y atrocidades contra los palestinos. Por eso, las movilizaciones contra la tragedia en curso pueden ser un punto de partida para enfrentar algunas de las consecuencias más inhumanas de la imposición bélico-estatal.