Griselda López
Es uno de los últimos manotazos del patriarcado extendiendo sus garfios hacia la infancia. El spa para nenas es una de las fiestas temáticas para niñas de entre 5 y 12 años que tiene, al menos, dos décadas de vigencia mundial. Este combo festivo, cada vez más popular en Argentina, les ofrece a las pequeñas unas pocas horas de relajación con pepinos descongestivos en los ojos, belleza de manos y pies, elección de accesorios y desfile final con aplausos o abucheos de los varones (si es que fueron invitados) que ofician de público.
“Las chicas logran demostrar su personalidad después de pasar por nuestro spa” afirma, orgullosa, la directora de uno de estos espacios que, en Trelew, prepara a niñas que asistirán a alguna fiesta infantil o evento. En la infancia, la personalidad está en formación y la madurez es parte del horizonte. ¿Desde cuándo el crecimiento paulatino pasó a ser un período a evitar? Cabe más bien pensar en adultos que arrastran complejos irresueltos de sus propias infancias, metas que sus progenitores les impusieron y que en el presente trasladan sin más a sus hijos, sumiéndolos en estereotipos y en una superficialidad que poco los prepara para una vida plena (o lo más plena posible) en un mundo complejo.
La avanzada patriarcal se amplía para ofrecer también corpiños con relleno para nenas de diez años o depilación de cejas (¡!). Así, se intenta inocular en las niñas los parámetros opresivos de belleza. Pero más graves resultan estas iniciativas en su intento de hacer desaparecer la infancia, ese tiempo de juego y exploración, de curiosidad y libre imitación del mundo adulto, de inicio del conocimiento de los otros. Las niñas/os crecerán y que lo hagan como personas libres depende de que los grandes no busquen producir adultas/os en envase chico.