Desde el principio, y como un principio, nuestro grupo organizado es completamente autofinanciado, en pos de la plena independencia de pensamiento, expresión y acción. Lo aprendimos de nuestra Corriente Internacional Humanista Socialista, de la cual somos humildes y audaces intérpretes. Nuestro compromiso depende de nosotros/as y de todas las personas que nos ayudan voluntariamente cada mes. Junto a esto, impulsamos todos los años una Campaña de Autofinanciamiento animada por un lema que nos permite ir al encuentro de las personas, intercambiar ideas, pensar juntos y recolectar donaciones. La última acaba de terminar, fueron tres meses en los cuales hemos hablado con casi mil personas para pedirles dinero. Propusimos: “Nuevas ideas de liberación contra la inhumanidad de los poderosos” y escuchamos múltiples retornos y sugerencias. Recibimos el estímulo de centenares de personas y el sostén concreto de 600 que hicieron una donación, permitiéndonos recolectar más de $47.000.000. A todas y todos ellos va nuestro profundo agradecimiento, en particular, a tantos/as compañeros/as y amigos/as que, además de realizar la propia donación, recogieron otras entre sus compañeros de trabajo y estudio, vecinos y personas solidarias.
Junto a todos/as ellos/as nos sentimos plenos protagonistas de un inicial ensayo alternativo: concebir y vivir la materialidad de manera compartida, más benéfica y libre, más humana. Demos a esto el valor que se merece: estamos desafiando a la burguesía decadente en su terreno predilecto, donde despliega toda su voracidad, su ansiedad de acumulación y su capacidad de explotación. El humanismo socialista que nos inspira, nos convoca a ser y actuar de forma radicalmente diferente a los opresores, y también queremos hacerlo a la hora de pensar nuestros recursos. Por eso, la gestión de ellos es cada vez más en común, es transparente, honesta, limpia de contaminaciones estatales o mercantiles, orientada a nuestra causa y nuestra gente. Nuestras campañas tienen fines explícitos, donamos y pedimos donaciones para construir comuniones libres y benéficas; para animar ámbitos de resistencia y libertad entre los jóvenes, las mujeres y las personas solidarias; para promover un frente único auténtico y combativo entre organizaciones de izquierda y así enfrentar mejor al gobierno liberticida de Milei; para formarnos como mejores personas y de esta forma ayudar a otros a serlo; para investigar y promover nuevas ideas de liberación; para publicar libros que nos ayudan a pensar mejor y una prensa independiente que ofrece una mirada alternativa. Los resultados de nuestras campañas son públicos, no solo porque no tenemos “nada que esconder”, sino más bien lo contrario: porque estamos orgullosas/ os de este camino inicial y mejorable de libertad e independencia. Una lección que nos deja la campaña recientemente finalizada: tenemos que aprender a ser más conscientes y coherentes en esta búsqueda de compartir la materialidad. Por ejemplo, contando sin timidez aquello que ya elegimos, como la sacrosanta independencia de nuestro compromiso, como también la elección –en primer lugar, de nuestros/as maestros y dirigentes– de renunciar a la aspiración acumulativa y derroche burgués en pos de una riqueza completamente diferente, en común y más feliz. Podemos aprender también a ser más generosos y atentos frente a las miles de personas que, de diferente manera, esperan de nosotras/os referencias para comprender mejor el mundo en que vivimos, los desafíos planteados, y la mejor manera de afrontarlos, afirmando un camino de humanización contra la criminalidad de los opresores.
La alteridad que ya representamos puede resultar salvífica para tantas personas. Lamentablemente son muchas las organizaciones de izquierda que están enfeudadas y expectantes de las dádivas estatales para sostener su compromiso. Esto es un riesgo extremo, cuando no una realidad manifiesta, por los condicionamientos negativos que representan para todas ellas.
Nuestra materialidad es constituyente de las comuniones que buscamos fundar. Damos valor al dinero pensando, en primer lugar, en el valor de las personas que lo donan, en el sentimiento solidario que nos mueve, en el bien y la responsabilidad que representa sostenerse mutuamente. Por eso, podemos pensar el dinero para una vida mejor juntos, para indagar y fortalecer las mejores expresiones humanas de generosidad, de ayuda mutua. Dinero que rinde y que construye obras sólidas, íntegro con respecto a los fines que perseguimos. Compartir la materialidad es parte constitutiva de la obra de comunión que emprendimos y que estamos buscando expandir. Una vez más: ¡gracias a todas y todos!