Elegir cada día


 


Mariana Camps

Más que nunca el año electoral genera un enorme hastío. Los índices de ausentismo a los comicios vienen en aumento y no es para menos, teniendo en cuenta el show del horror en que se ha convertido la política y que cada vez menos gente piensa que el voto vaya a afectar positivamente en algo su vida. 

Lo que sí se percibe como concreto y cotidiano es la corrupción de este gobierno liberfacho, el ataque que está realizando a las libertades democráticas, la miseria creciente a la que está sometiendo a las mayorías y la violencia –además de la extrañeidad peligrosa– que propaga hacia y entre las personas. 

El cansancio ante las elecciones políticas alimenta un sentido de resignación que es peligroso, sobre todo porque en este caso es necesario que el rechazo al gobierno se exprese bien claro también en las urnas votando a la izquierda. Ligada a esta exigencia es importante no olvidar que fundamentalmente elegir es un verbo humano, no político. Una parte –demasiado oculta– de la vida de todas/ os y el motor del verdadero protagonismo. Se puede elegir mirar mejor y descubrir el esfuerzo honesto del día a día de tanta gente para vivir. Observar directamente a los ojos, de manera gentil, y superar la mirada invasiva hacia las mujeres. 

Se puede elegir escuchar de manera empática y comprensiva a quienes más sufren la situación actual. Pensar y no adaptarse a los discursos dominantes ni a la izquierda que solo propone hacer cosas cuando más que nunca es fundamental reflexionar. Se puede elegir tener una actitud colaborativa, cooperativa y de pacificación cotidiana. Ejercer la solidaridad activa entre trabajadoras y trabajadores. Se puede elegir promover el encuentro humano directo y empezar a conocerse de verdad. 

Todo esto es mucho más combativo que simplemente emitir un voto, por más necesario que esto sea en situaciones como la actual. Porque implica afrontar la indiferencia de tantos y tantas en la vida cotidiana; plantarle cara al violentismo en los barrios, que es fruto y alimento de las guerras que proliferan en el mundo; denunciar la represión institucional sin cuartel, enfrentar la violencia patriarcal y el machismo cotidiano (empezando por el propio); dar batalla contra el racismo hacia los inmigrantes; enfrentar la lógica patronal; levantar la vista de las pantallas que envenenan las conciencias y destrozan la sociabilidad. 

Se puede elegir agregarse en modo alternativo y a escala más humana para empezar a vivir y suscitar ideas y valores mejores y –en consecuencia– para luchar contra las injusticias y la crueldad imperante.