Primariedad femenina: una obra vital para defender la infancia en Gaza

 



Ana Gilly

Arwa está a punto de dar a luz. El albergue donde se refugia, desprovisto de instalaciones médicas, es asediado por los tanques y drones de las fuerzas israelíes. Una partera, también desplazada por la guerra, interviene para ayudarla. Luego de horas difíciles, la niña nace y recibe la bienvenida de otras madres que, a medida que la saludan, se quitan algo de su propia ropa para protegerla del crudo invierno. 

Hala, frente a la hambruna cruel que acorrala a los palestinos, cuenta: “… las mujeres comen últimas, quitándose prioridad a sí mismas con el fin de cuidar de los demás”. Cerca de ella, Rahma, que con doce años ya oficia de cuidadora de un grupo de niños/as, para distraerlos de la angustiosa espera por alimentos les pregunta: ¿qué comían antes de la guerra? Entretenidos, todos responden dibujando en la arena de la playa de Gaza sus platos preferidos, desatando una hilarante conversación sobre sus preferencias culinarias. 

Samira llega al campo de Al-Istiqama y elige dedicarse a mejorar la vida de todos. Con los refugiados que tienen conocimientos médicos monta una precaria, pero indispensable clínica. En otra carpa, hace lo propio con graduadas/os e impulsa una escuela para las niñas y los niños. Un reportero la interroga admirado, y ella responde: “tras perder a mis hijos y mi hogar, asumí la responsabilidad de esforzarme por ayudar a las personas desplazadas”.¹ 

Lejos de allí, en las frías oficinas de la ONU, se informa: el 70% de las víctimas de la guerra en Gaza son mujeres y niños. 

¿Cómo viven las/os niñas/os? Es un interrogante que derrumba toda lógica político-militar “de bandos” frente a esta guerra. El genocidio que lleva adelante el Estado de Israel tiene carácter de infanticida, y a su alter ego Hamas nunca le importaron las consecuencias que comportaría su accionar terrorista. 

¿Y quién cuida a las/os niñas/os? Las mujeres en primer lugar, parece una respuesta evidente. Pero es una verdad subestimada y poco valorada. El empeño psico-físico mental y sentimental, el despliegue de la creatividad y la memoria para afrontar la emergencia, la inteligencia sensible para sopesar situaciones y elegir por el bien de todos son recursos femeninos y, por ende, enteramente humanos, que permiten construir y reconstruir los pilares de la vida allí donde los Estados se obsesionan por destruirla. En la humanidad de cada niña/o se juega la nuestra, así lo intuyen algunas mujeres israelíes que marchan sosteniendo fotos de los niños palestinos asesinados. 

Si nos comprometemos por proteger y mejorar sus vidas frente a las guerras y a la violencia de los poderosos, mejoramos nosotros mismos. Podemos hacerlo por las/os niñas/os palestinas/os que –sin quererlo– nos enseñan sobre el coraje, enfrentando cosas más grandes que ellos mismos, y sobre la capacidad de encontrar la belleza de la vida en las pequeñas cosas, incluso entre los escombros. Defender la infancia es urgente y puede empezar por aprender a pensarla de manera diferente. Elegir un punto de vista femenino puede ser un buen lugar de partida. u 

¹Los testimonios fueron extraídos del informe de Actionaid: “Agents of change: the role of Palestine’s women-led organisations in crisis” y de “La vida de los niños en Gaza”, The New York Times, 16/8/25.