Comité de Redacción
Miles de personas voluntariosas y sensibles se están haciendo preguntas luego de las últimas elecciones. Es algo saludable. En otras épocas ser vanguardia estaba asociado a ponerse interrogantes, a seguir buscando, a no conformarse. Por eso, las personas de izquierda quieren –queremos– entender por qué ganó la banda de liberfachos que gobierna haciendo estragos hace casi dos años.
Desde la salida de la última dictadura que no iba tan poca gente a votar. El “partido ganador” fue, por lejos, el del ausentismo-voto en blanco-impugnación. Casi 13 millones de posibles electores se encuadraron en esas opciones. También, desde el punto de vista de la participación más elemental la democracia se está vaciando de contenidos. Los poderosos dominan, pero ya casi no logran involucrar y el entramado institucional es cada vez más un conjunto de mafias que se extorsionan entre sí.
Fue fundamental el bestial chantaje de Trump y la determinada y genuflexa actitud de Milei para que La Libertad Avanza fuera la primera fuerza política en los comicios. Millones de dólares llegaron desde el tesoro norteamericano junto a J. P. Morgan y otros magnates con promesas de grandes inversiones, todo supeditado al triunfo libertario. El miedo al caos económico jugó un papel importante a la hora de ir a votar. Mientras tanto, el peronismo se retorcía empachado de su propia medicina: personalismos y autoritarismos cruzados lo dejaron estéril ante los cambios acelerados que vive el mundo y la región. Aun así, la única pregunta que se hacen es ¿cómo volver a cautivar a la gente que hoy está interesada solo en sí misma? Y sueñan estrategias para ser todavía más retrógrados y atrasados culturalmente. Lo cierto es que la sociedad se convirtió en un rejunte cristalizado de extraños entre sí que empuja a porciones enormes de la población al individualismo extremo y da aliento a las hipótesis más reaccionarias.
La que parece no hacerse preguntas es la izquierda mayoritaria. O, en todo caso, se las plantea solamente sobre su propia performance. Dicen no haber “dado el salto”* (en cantidad de diputados, que es su verdadera preocupación) y discuten sobre posibles salidas organizativas para sumar más votos en el futuro. No intentan mínimamente ser un estímulo conciencial, ni un verdadero referente cultural. Mucho menos un nítido fomento de valores positivos en un contexto de alienación creciente, incultura y degradación moral. Al contrario, son cada vez más internos a estos fenómenos.
¿Qué está en juego? La libertad y la dignidad. Plantearse interrogantes puede ser un primer gesto de libertad. Se trata de algo extremadamente necesario ante la avanzada reaccionaria y liberticida que se viene. Las reformas laborales, judiciales y jubilatorias empeorarán seriamente las condiciones de vida y los recortes a las libertades obstaculizarán las posibilidades de expresión y manifestación. Por eso, sería fundamental que la izquierda que realmente quiera ser un factor de emersión humana y social, un canal de expresión de las mejores voluntades de solidaridad y lucha independiente, se una en un Frente Único contra el gobierno liberticida en defensa de la vida y de las libertades democráticas.
¿Quiénes podemos ser? ¿Y cómo? Las preguntas más esenciales son las más importantes y útiles. Aquí van algunas hipótesis de respuesta y propuestas para experimentar: recuperar nuestra humanidad más profunda, esa que nos acomuna en nuestras diferencias, para ser mejores y no dejarnos arrastrar por el egoísmo que se propaga desde arriba y se asume de manera ingenua y cómplice gracias al aquiescente sometimiento a los algoritmos. Construir espacios para reconocernos, conocernos y ser protagonistas libres: de mujeres, de jóvenes, de trabajadoras y trabajadores que quieran enfrentar las injusticias cambiando. Y para fortalecer todo esto, dar vida a ámbitos de comunión. Porque allí se puede afirmar el encuentro de las subjetividades como motivo de fuerza recíproca y no como elemento de competencia; se puede empezar a vivir la libertad de las mujeres como libertad de todos; desplegar una conciencia íntegra y descubrir las potencialidades fecundas de nuestras elecciones; rastrear la cultura que nos inspira y ser protagonistas de una nueva, orientada a la liberación; aprender y proponer nuevos valores benéficos.
Esas son las perspectivas que las compañeras y compañeros de Comuna Socialista estamos empezando a fundar, que queremos compartir con vos y para las que estamos pidiendo apoyo en este último mes de nuestra Campaña de Autofinanciamiento.
* García, Sergio, “Después del triunfo de Milei. Es hora de hacer algo nuevo”, en Alternativa Socialista 861, noviembre de 2025.