Fuera Trump del Caribe

 


Ignacio Ríos

Hasta hace poco era impensable advertir de una agresión yanqui en América Latina, pero sin dudas de esto se trata la operación “Lanza del Sur”, que ahora se está extendiendo de las aguas venezolanas a las colombianas. Es difícil saber en qué terminará esta demostración de fuerza, ya que Trump está recibiendo críticas incluso desde la propia derecha norteamericana, pero el hecho es muy indicativo con respecto a la fase que el mundo atraviesa.

El Occidente se está derrumbando y el sistema de dominio de posguerra expiró, dando inicio a un período de cambios y reconfiguraciones en los poderes dominantes mundiales y en sus relaciones, en el que es central la dimensión militar. En este marco, EEUU –rezagado en el plano internacional, aquejado por dinámicas de guerra civil y gobernado por un peligroso desequilibrado– seguramente pretenda recuperar posiciones, empezando por el Caribe y América Latina y chocando con los gobiernos enemistados, como el de Maduro y, en otro sentido, el de Petro. No le será tan fácil correr de lado a China, quien hace tiempo cuenta con numerosos negocios e inversiones en la región, pero algo está claro: el poderío de la que hasta hace poco era la nación líder de un sistema democrático totalitario se reduce a la capacidad de amenazar con la guerra, que nunca hay que descartar que se concrete. Es necesario considerar que la movilización de armamentos, embarcaciones y soldados constituye un enorme negocio que se suma a un posible saqueo aún más descarado de los recursos naturales del continente.

¿Qué otro horizonte trae la intervención norteamericana? El Occidente decadente se derrumba también porque es muy poco creíble que sus representantes porten paz, estabilidad y democracia, como indica el  reciente acuerdo de cese al fuego en Gaza. Trump, justamente, es especialista en echar leña al fuego de los conflictos precedentes.

Esto no exculpa de nada al régimen de Maduro, quien seguramente en algo agradezca a Trump por dotarlo de argumentos para presentarse como un abanderado del antiimperialismo. Al tiempo que el chavismo sigue haciendo negocios con petroleras norteamericanas, como Chevron, y canjea  prisioneros estadounidenses por inmigrantes venezolanos detenidos en las cárceles de Bukele, Venezuela también demuestra la crisis de la democracia. Esta ya no puede impedir que, a su interior, e incluso valiéndose de sus propios resortes, se enquisten castas autoritarias, populistas o neo-fascistas reacias a abandonar el poder y que transformen esa democracia en otra cosa, como lo es el híbrido demo-dictatorial que hoy es Venezuela.

Será fundamental la solidaridad con la población venezolana, que puede quedar atrapada entre las amenazas de Trump y los delirios de Maduro. Una intervención terrestre norteamericana sería desastrosa, un factor de desestabilización de toda la región y de caos impredecible. Cualquier escenario es posible en este mundo de los opresores que se derrumba y del que los países del continente son parte.