Movilizaciones ante la COP30: reacciones contra una nueva estafa

 


Camilo Sans

Contra la nueva COP30 se movilizan masivamente indígenas, campesinos, sindicalistas y ambientalistas, que se han organizado en la Cúpula dos Povos, ámbito de coordinación de más de mil cien organizaciones que llevó a cabo una cumbre paralela y la Marcha por el Clima. El 15 de noviembre se movilizaron más de 70 mil personas solo en Bélem, donde se desarrolló la cumbre. Portando recordatorios de Chico Mendes -el histórico referente sindicalista y ambientalista asesinado por su lucha en defensa de la selva amazónica-, la gente se movilizó contra la iniciativa de Lula de impulsar la explotación petrolífera en el Amazonas, pero además denunció los ataques racistas y asesinatos de luchadores sociales indígenas y campesinos y hasta hubo muestras de solidaridad con Palestina. Como se ve en sus declaraciones y consignas, identifican, con atino, que el empeoramiento de la expoliación de la naturaleza y el aumento de la explotación de las personas van de la mano con el ascenso del militarismo y la violencia racista y patriarcal, y llaman a solidarizarse con quienes la sufren en primera persona, particularmente con los inmigrantes. 

Estas importantes definiciones conviven, en algunos de los grupos participantes, con puntos de referencia problemáticos y contradictorios. Hay expectativas en la reforma de los Estados y de los organismos supranacionales en los que reclaman mayor participación (no olvidemos que esta cumbre paralela ha sido creada con el apoyo de la presidencia brasilera de la COP), propuestas que son producto de una continuidad de las viejas ideas de cambio en clave político-institucional que no permiten una independencia más coherente respecto de los opresores que denuncian. Además, las ideas provenientes de las teorías decoloniales y del racialismo que circulan al interior de estos movimientos no contribuyen a la posibilidad de identificarse y unirse solidariamente entre las mejores personas en función de valores comunes. Por eso, es fundamental el debate entre quienes se sensibilizan y se movilizan, en primer lugar, con quienes desde diversas cosmovisiones e ideologías quieran unirse de forma independiente, fuera de las trampas institucionales, para buscar crear condiciones para una vida mejor a través de caminos alternativos y benéficos. Búsquedas que puedan inspirarse en los mejores ejemplos de comunidades –algunas de ellas, indígenas, pero no solo– que tienen una relación más armónica con la naturaleza y que la reconocen como un bien preciado a cuidar y no como un recurso a explotar. Más allá de las movilizaciones, son premisas necesarias para hacer frente a la inhumanidad de los Estados y los burgueses decadentes que están tornando cada vez más inhumana la vida en este planeta.