El proyecto de reforma del gobierno liberfacho, llamado cínicamente “Ley de modernización laboral”, promete trabajo a destajo, la casi supresión del derecho a organización y protesta, igualación de las posibilidades de negociación de un trabajador aislado a la de su patrón, vacaciones recortadas y aguinaldos cancelados… En fin, se trata de un paso clave para los sueños descarnados de deshumanización de Milei y sus amigos.
Quieren obligar a las y los trabajadores a transformarse cada vez más en simples apéndices de la productividad; en una parte del engranaje que sostiene las ansias mezquinas y descontroladas de bienestar de los ricos, de las grandes patronales y de los patroncitos con la aspiración de imponerse sobre la vida de los demás. Buscan negar lo más íntimo que pertenece a cada persona que trabaja: su dignidad y su humanidad; su capacidad creativa, su libertad e independencia para hacer de cada ámbito laboral un espacio mejor, menos degradado, más humano y de resistencia ante los embates de los opresores gracias a la solidaridad entre compañeras y compañeros, la colaboración y la cooperación.
Para esto, el gobierno también se basa en la inmovilidad cómplice del peronismo (cuando no adhesión directa) y la burocracia sindical. También en el apoyo retrógrado de una parte de la sociedad de extraños y en la confusión de muchas personas que creen que, quitándoles derechos a las mayorías, se generará una especie de “reparto” que mejorará la situación de los que no tienen ningún derecho. Eso es absolutamente falso. De aprobarse, la reforma laboral implantará un clima de explotación aún más descarnado, de miedo y desamparo que dejará libres a los patrones (en negro o en blanco) de imponer una lógica despótica y todavía peores condiciones de trabajo, rayanas con la esclavitud. Lo que sí es absolutamente verdadero es que las patronales no aceptan repartir, ni mínimamente, su propia riqueza. Esa es la malicia que este gobierno quiere consolidar en el poder.
Es hora de que las personas que trabajamos pongamos a la obra nuestros mejores recursos. El actual proyecto de modernización intenta disciplinar definitivamente a los trabajadores para que se resignen a sentirse aislados, incapaces de unirse sin tutelas en el reconocimiento de sus mejores cualidades humanas. Pero la solidaridad puede crecer efectivamente si se la interpreta no solamente como un medio para defenderse de los opresores, sino como un fin en sí mismo para ser mejor juntos, dentro y fuera del ámbito laboral.
Estamos convencidos de que podemos reaccionar como protagonistas desde ahora mismo. La izquierda más consciente debería unirse en un Frente Único para ser una referencia activa de clarificación y perspectiva contra el gobierno liberticida, en defensa de la vida, de las libertades democráticas y derechos laborales. Unido a esto, es necesario luchar no solo ni fundamentalmente para presionar a la CGT y a las dos CTA para que convoquen un paro nacional y “unir las luchas”, como pregonan los partidos mayoritarios de la izquierda en este país –las convocatorias a actos y medidas más o menos nutridas e intermitentes no cambian nada–, sino por algo profundo y permanente, empezando a reunirnos las personas más combativas, dispuestas a cambiar de verdad en torno a nuevas ideas y valores elegidos en común para ponerlos a la obra.
Te invitamos a conocernos e intercambiar sobre esta perspectiva.
18/12/25

