Kast presidente en Chile: vuelta a la derecha y todos mareados

 





Ignacio Ríos

Finalmente Kast llegó a la presidencia de Chile luego de una segunda vuelta en la que ganó por mucha diferencia, imprimiendo un fuerte y preocupante giro a la derecha en ese país. 

El estallido social de 2019 manifestó un hartazgo popular contra el modelo político y económico elitista y excluyente heredero del pinochetismo. Esas energías fueron muy importantes para impedir que Kast llegase al poder en las elecciones de 2021. Las estadísticas muestran que el voto de las mujeres jóvenes fue clave para cerrar el paso a este simpatizante de Pinochet de familia nazi y enemigo del aborto, que además denunciaba la existencia de una “dictadura gay”. El problema es que ese proceso de protestas fue canalizado hacia un intento de reforma constitucional que finalmente no llegó a nada y generó una gigantesca frustración social. El gobierno de Gabriel Boric dilapidó los impulsos que lo llevaron al Palacio de la Moneda y el total fracaso de su propuesta constituyente contribuye en mucho a explicar el triunfo de Kast hoy. 

El Partido Republicano se hizo fuerte hablando de economía, inseguridad e inmigración, temas predilectos de las nuevas extremas derechas. Aunque se lo exagere instrumentalmente, el aumento de la violencia criminal es real, no solo una percepción. Chile, uno de los países más “ordenados” del continente, también empieza a sufrir este problema, ya que, en realidades chatas y aplanadas como las latinoamericanas, la delincuencia y la economía ilegal –y no nos referimos solo al narcotráfico– se difunden a causa de la crisis de valores, el derrumbe moral y la degradación, cubriendo huecos que los Estados, las instituciones y el mercado formal no pueden llenar. Es una línea de tendencia imparable que generará nuevos choques y contradicciones. Entonces, la política democrática, en su crisis manifiesta, no solo no cuenta con ninguna propuesta más o menos creíble ante estos fenómenos sino que es parte del problema por su dependencia y/o complicidad con las mafias criminales. La extrema derecha, también altamente comprometida, sí tiene respuestas: la “mano dura” y la bukelización, un modelo que profundiza el vaciamiento de contenido de la democracia porque pone en tela de juicio las libertades democráticas fundamentales, incluso con el visto bueno de gran parte de la población. 

A pesar de que países importantes como Brasil, México y Colombia están gobernados por figuras políticas que no ponen tanto el acento en el punitivismo, la línea de tendencia va en dirección contraria. Ahora se suma Chile. Y lo preocupante es que en el país trasandino hay mucho campo para el crecimiento de la extrema derecha. El pinochetismo sigue vivito y coleando, su dictadura no cayó por alguna crisis profunda o por una movilización democrática y popular, la lucha por los derechos humanos no creció a partir de cierto punto, la derecha cuenta con una notoria implantación en las instituciones, en la clase burguesa y en las fuerzas de seguridad. El panorama es preocupante y habrá que seguirlo con mucha atención porque de seguro se complejizarán las condiciones de existencia de las personas comunes que viven en Chile, especialmente de las mujeres, los inmigrantes y los más humildes.